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Cementerio General

De WikicharliE
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9 de diciembre de 1821

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El Cementerio General de Santiago de Chile, se ubica en la comuna de Recoleta. Cuenta con 86 hectáreas, donde se encuentran cerca de dos millones de personas sepultadas.

WikicharliE Patrimonio de Chile

Contenido

Bajo la inspiración de hombres como don Benjamín Vicuña Mackenna y sus predecesores, se pensó en una crear una ciudad para los muertos, con calles, avenidas y árboles, para el recuerdo eterno de los antepasados.

El Cementerio General fue pensado por el Director Supremo como un "Panteón", un lugar sagrado para que los ciudadanos rindieran honores a los héroes de la patria y a los personajes grandes de la historia. Algunos historiadores señalan este intento como el deseo de consolidar la nación y construir una memoria común que a permitiera la unión entre los ciudadanos, levantar a los próceres para afianzar la nacionalidad, es decir el sentimiento de ser chileno.

Aquí están todos los gobernantes que ha tenido Chile desde la Independencia, salvo dos excepciones; el mismo don Bernardo O'Higgins, que está en la Alameda en el "Altar de la Patria" y don Gabriel González Videla, que deseó ser enterrado en su querida Serena.

En este Cementerio reposan los principales forjadores de esta nación, no solo sus autoridades, están también nuestros artistas, escritores, folkloristas y la élite de los profesionales destacados de cada área.

El cementerio, una necesidad

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Antiguamente las formas de inhumación de los cadáveres dejaban mucho que desear y los muertos terminaban sepultados en distintos lugares. En el mejor de los casos, los muertos se enterraban en las iglesias, lo que provocaba graves molestias a los eclesiásticos, que se quejaban de las emanaciones de los cadáveres y además habían entierros clandestinos que eran focos muy infecciosos, muchos de ellos se hacían a poca profundidad, siendo después presa fácil de perros o roedores que propagaban todo tipo de enfermedades.

Primer lugar de entierros Calle Santa Rosa

Uno de estos improvisados campo santos estaba en la calle Santa Rosa (que en ese tiempo se llamaba Calle de Las Matadas), otro junto al convento de San Francisco en la Alameda, y por último, uno al lado de la Plaza de Armas, donde iban a parar los que morían ahorcados en la Plaza, que no eran pocos. Este último estaba situado en la entrada de la calle 21 de Mayo, lugar que era conocido como "La Caridad". La peor parte estaba reservada para quienes no profesaban la religión católica. Los llamados "disidentes" que eran arrojados por las laderas del cerro Santa Lucia, así que imaginen ustedes el hedor en verano.

1729: Gabriel Cano y Aponte, Gobernador del Reino de Chile entre 1717-1733, decidió para combatir las enfermedades y los focos de infección que habían en las sepulturas de las iglesias, creo en el mes de junio de este año un Cementerio al que llamo la Casa de la Caridad.

La iglesia de oponía a tener un campo santo en contra de sanidad

Después del triunfo definitivo de los patriotas y la instauración del Estado chileno, las autoridades de la época estaban convencidas de la necesidad de un Campo santo para la ciudad de Santiago. Sin embargo las discusiones en el congreso no prosperaban. Era un tema polémico, la autoridad civil buscaba extender su acción a un campo tradicional de la iglesia, las sepulturas de los hombres. Sin embargo la necesidad "sanitaria" se impuso pero de todos modos las voces críticas al respecto continuaron escuchándose varias décadas más avanzado el siglo XIX.

El senado para agilizar los trámites nombró al destacado vecino de la ciudad Joaquín Valdivieso, quien se apresuró en hacer las gestiones para adquirir el predio de los Dominicos al norte de la ciudad, el actual barrio de Recoleta. Ese "potrerillo" de los religiosos reunía todas las características para la construcción del Cementerio, distante de la ciudad y contiguo al cerro blanco desde donde podían extraerse las piedras para la fundaciones del camposanto y las primeras sepulturas.

Benjamín Vicuña Mackenna relata de este modo el encuentro de Valdivieso con los terrenos donde se levantaría el Cementerio General,

"Paseando una tarde de septiembre de 1819, por aquel estrecho callejón, que era casi un deslinde de sus tierras, el doctor Valdivieso encontró que al pié del cerro, los padres dominicos habían tapiado un potrerillo largo i angosto con capacidad de tres cuadras i un tercio, el cual enseguida habían alfalfado para pastorear los fatigados bueyes de los vehículos en los que acarreaban las columnas i capiteles de su templo"

La elección del sector, el barrio de Recoleta respondió a las necesidades sanitarias que toda ciudad que aspiraba a ser moderna debía poseer.

El terreno no solo debía estar distante de la ciudad, también debía reunir las condiciones climáticas favorables, especialmente lo relacionado a las corrientes de aire del valle del Mapocho. Al estar Recoleta separado del centro urbano por el río Mapocho, el viento sur dominante impedía la propagación de los miasmas pútridos hacia las zonas pobladas. No solo se trataba simplemente de un tema de mal olor, este estaba asociado a la propagación de epidemias sin control para la medicina de la época.

De ahí que se ubicaran entorno al cementerio los principales hospitales de la ciudad, siguiendo conceptos sanitarios, como el de alejar a la muerte y la enfermedad del centro de las ciudades. Esto explica el núcleo de instituciones en este sentido concentradas actualmente en el barrio de Recoleta; los hospitales San José, el J.J. Aguirre, el Psiquiátrico, el Instituto Nacional del Cáncer, el Instituto Médico Legal y la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. También en función del Cementerio se construyó la Avenida La Paz, que se llamó al principio Avenida Del Panteón.

Los Dineros y la anécdota de la fundación

El erario fiscal en la época de Bernardo O'Higgins era estrechísimo. Las deudas que dejaron las campañas de la independencia absorbían gran parte de las entradas del nuevo estado. Entre los recursos que sirvieron para levantar los primeros cimientos del Cementerio se encontraban los propios derechos que tenía el camposanto sobre los dos cementerios existente a esa fecha en Santiago: el de la actual calle santa Rosa y el de 21 de Mayo, la donación del monje Marcos Sotomayor y la del coronel Tomás OHiggins.

Sin embargo los dineros recaudados no eran los suficientes para iniciar la construcción. Una curiosa idea del Director Supremo logró completar los recursos y dar el vamos a la simple construcción, de adobe y ladrillos que cercaron el terreno para evitar la entrada de animales al lugar.

La Nieve de La Dehesa

En los tiempos de la fundación del Cementerio, la nieve era un bien muy preciado, por un lado servía para la fabricación de helados, todo un lujo para la época y por otro permitía la conservación de los alimentos de los hogares capitalinos. La nieve era traída desde la Dehesa hasta la ciudad a lomo de mula. A Santiago llegaba desde la cordillera apenas dos barriles de nieve, por su escasez el precio de ella era muy alto. Pocos tenían derechos gratuitos de nieve, entre ellos estaban las autoridades del Cabildo de Santiago. Bernardo O'Higgins les quitó el beneficio a estos últimos y se lo cedió a la administración del Cementerio para que este se dedicara a venderlo a las heladerías de la capital.

Así, un hecho curioso permitió reunir los fondos para los inicios de la construcción del Cementerio General.

1821 Día de la inauguración

Cementerio General alrededor de 1880

El día de la inauguración el 9 de diciembre, el ambiente estuvo dominado por celebraciones y discursos que resaltaban los logros alcanzados por la autoridad civil. Era un triunfo en nombre del progreso y de la higiene, Santiago se acercaba a los modelos que la elite nacional quería imitar, las ciudades europeas.

Los tres primeras sepultaciones
  • María Durán
  • María de los Santos García (niña pequeña)
  • Juan Muñoz (niño pequeño)
  • Sor Ventura Fariña (monja sepultada al tercer día, en los recién creados nichos)

Sin embargo la inauguración de hecho solo se llevó a cabo horas después, con los primeros entierros. "La llegada de los primeros moradores del cementerio se hizo en la noche del 10 de diciembre de 1821, en una carreta, cuando María Durán, María de los Santos García y Juan Muñoz -los últimos dos párvulos-, fueron conducidos al camposanto desde el antiquísimo Hospital San Juan de Dios, dando comienzo así a las sepultaciones"[1]. Al tercer día hubo una ceremonia fúnebre oficial, fue para una monja, sor Ventura Fariña, quien se convirtió en el primer cuerpo en ser sepultado en uno de los recién creados nichos del camposanto.

1844

Este año una ley estableció la prerrogativa presidencial de fijar los aranceles relativos a los derechos de inhumación, ampliando de este modo la tuición civil de los cementerios. No obstante, el enfrentamiento más virulento y directo ocurrió durante la década de 1870, época en que se gestó la ruptura de 1883 con la aprobación de la Ley de Cementerio Laico.

1871

Para la Iglesia, las ideas liberales significaban dejar a los cementerios bajo la potestad del Estado lo que afectaba los derechos parroquiales que percibía y el simbolismo que tenía el recinto mortuorio dentro de la comunidad. Asimismo, la Iglesia se oponía a la "promiscuidad de las tumbas", esto es que dentro de cementerios bendecidos y consagrados no debía haber espacio para los cadáveres de aquellos individuos cuya sepultura católica estaba prohibida por el derecho canónigo. Este conflicto fue superado momentáneamente con la aprobación de un decreto de cementerios de 1871 que permitió sepultar a los marginados por las normas católicas en un espacio debidamente separado del resto del cementerio por medio de una reja o de árboles, o bien autorizó la creación de cementerios laicos construidos con fondos fiscales o particulares.

1883

Una vez que finalizó la guerra del Pacífico la pugna entre el Estado y la Iglesia emergió nuevamente, después de intensas discusiones parlamentarias, el 2 de agosto de 1883, el gobierno de Domingo Santa María logró la aprobación de la ley de cementerios civiles. Esta ley marginó a la Iglesia de la administración de los cementerios y permitió que se enterrara a personas de cualquier creencia religiosa, oficializando de este modo la secularización de los espacios de la muerte. Frente a la nueva realidad la jerarquía eclesiástica fundó el Cementerio Católico de Santiago.[2]

Plano Cementerio General de Santiago, 1883-1932

1930

Cementerio General de Santiago, hacia 1930

1 de Noviembre

El primero de noviembre es desde el siglo XIX hasta nuestros días la fecha que recuerda a los Santos de la iglesia católica y a todos los difuntos. Si bien estas dos celebraciones en el siglo XIX se hallaban separadas, la de los santos el 1 de noviembre y la de los difuntos al día siguiente, la fuerza de la costumbre hizo que se celebrarán el mismo día.

Miles de personas llegan al cementerio a visitar a sus difuntos, oran por ellos, arreglan sus sepulturas y depositan ofrendas florales.

Nadie quería perderse la fiesta popular y religiosa del primero de noviembre. El gobierno debió tomar cartas en el asunto y reglamentó los transportes que movilizaban a la muchedumbre al sector de Recoleta estableciendo sentido de tránsito a las calles de acceso y salida.

El espíritu laico de la sociedad decimonónico y el recién inaugurado espacio para los muertos por manos de la autoridad civil, separó la visita a los difuntos del acto litúrgico y pasó a ser una festividad más del calendario cívico, como el 18 de septiembre. Dicho espíritu laico residía en asociar el nuevo "espacio de la muerte con las ideas de gloria, inmortalidad de la imagen y perennidad de la memoria...", ideas fielmente reflejadas en la nueva arquitectura funeraria que pronto se impondría. "Los positivistas veían en el culto a los muertos un elemento de civismo. La tumba desarrollaba el sentimiento de la continuidad de la familia, y el cementerio, el sentimiento de la continuidad en la ciudad y en la humanidad".

La fecha se transformó en una fiesta popular que inundaba de personas el barrio de Recoleta durante las 24 horas que duraba la jornada.

Entonces, los alrededores del Cementerio se llenaban de ramadas y carretas en las que abundaban la comida, la bebida, la música y el baile. Incluso en un momento la importancia de esta fiesta masiva y espontánea fue reconocida por las autoridades, como demuestra este decreto presidencial de 1834:

-declárese que el Tesoro del Panteón debe cubrir los 28 pesos que en la función del día de ánimas se invirtieron en música i tambores-.

Augusto Dhalmar

El escritor Augusto Dhalmar, premio nacional de literatura y quien también descansa es este cementerio, escribió sus impresiones del día de todos los difuntos, destacando las pasiones mundanas del la fiesta religiosa,

"Las muchachas miraban, esperando descubrir al pololo apostado en una esquina, tal vez junto a la casa solariega de sus mayores; las mujeres hermosas lucían sus elegancia y belleza; los viejos, con un triste mohín, eran como el chico a quien echan a costar en medio de la fiesta y se acerca sin sueño a la cama, sintiendo que los otros sigan divirtiéndose; alguna viuda, aparatosamente inconsolable, acompañábanse de cierto amigo que le ayudaba a transportar la corona, demasiado pesada que trajo a su finado; alguna visita de ceremonia entró para dejar su tarjeta y volver a salir...Y todas las vanidades o pasiones, atravesaban con ruidosa insolencia esa puerta que, en un día irremisible, deberán cruzar perennemente calladas".

Si bien es cierto que el primero de noviembre actual no tiene la misma intensidad que mostraba en el siglo XIX y la primera mitad del XX, perduran en él las tradiciones y el fervor de los tiempos pasados. Una de estas tradiciones que se remonta al siglo XIX es el homenaje "institucional" que se le brinda a los difuntos el primero de noviembre. Muestra en la actualidad la necesidad del recuerdo colectivo por parte de una comunidad hacia los suyos que ya partieron, como una respuesta a la inquietud humana de sentirse perteneciente a un grupo, una institución o un gremio.

Bajo esta categoría se encontraban las cofradías religiosas y se encuentran en la actualidad las Sociedades de Socorros Mutuos, Sociedad de Artesanos, Cuerpo de Bomberos, el Ejército, las Colonias Extranjeras, Círculo de Periodistas, en fin, un sin número de organizaciones que disponen de un mausoleo para el descanso de su miembros.

Curiosidades del cementerio General.

En el Cementerio general perduran nuestras tradiciones. Muchas de las costumbres de nuestros antepasados se pierden en la vorágine de la ciudad moderna, una institución como este camposanto, testimonio de dicho pasado, alberga también relaciones sociales de carácter tradicional. Un ejemplo de esto es la práctica que sobrevive aún de heredar el puesto de sepulturero o de cuidador de mausoleo.

Así como en la edad media, la colonia y a lo largo de todo el siglo XIX en Chile los oficios de artesanos los heredaban los padres a sus hijos de generación en generación, en el cementerio hemos advertidos verdaderas dinastías al cuidado de algunas mausoleos. El caso más conocido actualmente es el de la Señora Hortensia... de ochenta y tantos años y activa cuidadora del cementerio. Según nos cuenta, fue traída a trabajar aquí por su abuela, quién según nuestros cálculos debió haber entrado al cementerio alrededor de 1880. La señora Hortensia a su vez trajo a sus hijas y nietos, de momento cuatro generaciones de una familia al cuidado de las tumbas del camposanto.

Otra de las curiosidades del camposanto era las antiguas disposiciones para enfrentar el luto. Una especie de manual de Carreño pero con validez legal y coercitivo regía la conducta que debían tener los deudos al momentos de sepultar a un familiar, pautas había que seguirlas al pie de la letra para no ver menoscabada la posición social. Una de estas disposiciones que datan de los primeros años de funcionamiento (1821) del cementerio señalaba, "se prohíbe absolutamente la extravagante costumbre de ir doliente tras el féretro que conduce el cadáver, bajo multa de trescientos pesos...". Para la familia (incluidas viudas y huérfanos) la etiqueta de la época dictaba que "el duelo se recibe y se despide en la iglesia".

Las prácticas en torno a la muerte

Funeral en Santiago de Chile 1941.jpg

En el transcurso del tiempo, la posición frente a la muerte ha cambiado al mismo tiempo ritmo de la sociedad.

Antiguamente, la muerte tenía una importancia mucho más relevante para los vivos. La imagen de esta estaba presente en muchos de los quehaceres de los vivos y se educaba a los más jóvenes señalándoles que la muerte tarde o temprano llegaría a buscar a alguien de la familia. Esto se veía reflejado en varios aspectos, por ejemplo, el luto se realizaba durante semanas, desde las vestimentas hasta las decoraciones de las casas, las cortinas se tornaban de negro al morir una persona cercana, las viudas debían estar vestidas de negro incluso hasta seis meses después de la muerte del esposo, los niños llevaban cintas negras en sus atuendos, entre otras abnegadas prácticas. Sin duda todo ello estaba asociado a las creencias religiosas muchos más presentes y poderosos en las generaciones anteriores.

Las antiguas prácticas frente a la muerte se ven reflejadas en los Cementerios. Es fácil apreciar la diferencia entre las sepulturas antiguas y las nuevas, en las antiguas, los íconos religiosos y la ornamentación es bastante representativa al significado de la muerte, en donde podemos apreciar figuras complejas que pretendían dejar al difunto muy cerca de Dios y darle un significado mucho más profundo a lo que existe después de la vida.

En cambio las sepulturas de hoy son mucho más simples, pero que ya no optan por una ornamentación tan rebuscada o tan llena de elementos, para muchos basta solamente con la cruz. La sociedad actual es mucho más laica que las generaciones anteriores y por lo mismo su visión de la vida ultraterrena es mucho más restringida. No es necesario crear un panteón para que Dios venga a buscar el alma de un difunto.

Cementerio General se potencia como destino turístico

Más de dos millones de muertos se encuentran descansando en las 86 hectáreas del Cementerio General, que fue construido en 1821 y declarado como Monumento Nacional en 2010. Pero este lugar no sólo recibe a los familiares de los difuntos, también a aquellos que quieren conocer más sobre la historia del país, pues alberga a destacados personajes como Manuel Rodríguez y Bernardo O’Higgins. Este lado turístico es precisamente lo que este camposanto ha estado potenciando en los últimos años, a través de las rutas históricas, las visitas guiadas y tour nocturno. Y en esa línea pretenden seguir moviéndose. Esto se une a las audioguías, folletos, afiches, postales y videos que en diciembre se pondrá a disposición de los visitantes.

“A finales de este año culminaríamos el gran proyecto que teníamos con Sernatur (Servicio Nacional de Turismo) para transformar este lugar en un polo turístico más para la Región Metropolitana”, señala a Marco Sánchez, director del Cementerio General.

En enero de 2013 se creó un equipo patrimonial dirigido por la arquitecta Juana Gutiérrez, con la idea de recuperar diferentes espacios que resultaron destruidos con el terremoto del 2010. [3]

Pizarra

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  • El Cementerio General tiene 86 hectáreas y fue inaugurado el 9 de diciembre de 1821, por Bernardo O'Higgins.
  • En sus 186 años de funcionamiento, este cementerio ha brindado cristiana sepultura a 31 Presidentes de Chile.
  • Las visitas son gratuitas y son de lunes a viernes de 10:00 a 13:00 y de 14:00 a 17:00 horas previa inscripción en el e-mail: cementerio@cementeriogeneral.cl o en el fax 777 8552.
  • La palabra cementerio proviene del término griego koimetirion que significa: dormitorio
  • 1909: Existía en Santiago un Cementerio Municipal llamado El Monte: El cementerio situado en la calle Pedro de Valdivia y a orillas del rió mapocho, quedo reducido después de la crecida que arraso con gran parte de este, ante tal situación la municipalidad resolvió habitar el antiguo cementerio, llamado "Cementerio de Coléricos" situado en la calle Aníbal Pinto.

Este fue abierto nuevamente el día 5 de agosto de 1909, añadiéndose a lo ya existente, 90 mts. de largo y 67.5 de ancho, con un costo de habilitación de 3.375 pesos y 5 centavos.

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. memoriachilena/Historia i tradiciones del Cementerio Jeneral de Santiago/1890/Libro en PDF
  2. Memoria Chilena
  3. Lahora/Cementerio General se potencia como destino turístico/21oct 2015

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