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Italo Nolli Olivan

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Italo Nolli Olivan
Bienvenido a Biografías

El Rambo chileno

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Italo Nolli Olivan (☆ 27 de mayo de 1942- † 23 de marzo de 2011, alias el Rambo Chileno. Hijo de la chilena Hilda Olivan Catalán y el italiano Italo Nolli Melloni. Nolli fue mercenario en Vietnam, de ahí su afición al armamento.

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Contenido

2011 Detectives mueren acribillados en control por robo de cables

23 de marzo de 2011: A las diez de la mañana, Nolli entregó un cargamento de cobre en Madeco Mills –división de Madeco a cargo de la compra del metal– en el barrio industrial La Divisa de San Bernardo. Para Nolli era un trámite tan cotidiano como desayunar: hacía, al menos, dos entregas cada semana junto a Raúl Campos, quien manejaba el camión Isuzu que transportaba el material.

A eso de las once y media ya habían terminado de descargar el cobre, y Nolli regresó a su camioneta Ford F-150. En la calle, apareció un auto de la PDI con cuatro policías dentro. El detective Marcelo Morales se acercó a Nolli, le pidió que bajara del vehículo y que le entregara sus documentos.

Italo Jorge Nolli Olivan se resistió a un control de identidad por parte de detectives, disparando más de una decena de disparos.

El detective Morales fue el primero en recibir un disparo. Cayó al suelo y Nolli lo remató ahí mismo con 16 tiros más. Los compañeros del policía intentaron escapar. Dos alcanzaron a refugiarse en la patrulla. Cuando la detective Karim Gallardo huía hacia la vehículo, Nolli le disparó diez balazos en la espalda.

Con dos detectives muertos, otros ocho efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) heridos, cuatro sospechosos detenidos y el homicida abatido, culminó este miércoles una intensa jornada que comenzó cerca del mediodía con un control por robo y reducción de cobre en la comuna de San Bernardo.

La vestimenta de Nolli era impecable, vestía un traje azul y una camisa celeste y en su cabeza llevaba un sombrero estilo gánsteres, el cual, según relataron sus quienes lo conocían, no se sacaba nunca. Tampoco dejaba de ponerse un impermeable negro, look que lo hacía ver aún más imponente.

Los hechos

Todo ocurrió en las inmediaciones del Parque Industrial, esa comuna en la calle La Divisa que es paralela a la Autopista Central (Ruta 5 Sur). Allí se encontraba el ciudadano italiano Italo Jorge Nolli Olivan al interior de su camioneta Ford Ranger de color rojo.

Fue requerido por los funcionarios policiales para verificar sus datos, en el marco de un procedimiento de fiscalización a una casa de compra y venta de cobre. En vez de proporcionar sus documentos, el sujeto tomó un arma de fuego y procedió a acribillar a sus víctimas con cuatro impactos de bala a cada una.

El primero en caer fue el subprefecto Marcelo Cristián Morales, de 38 años, padre de dos hijos, quien fue muerto a mansalva con doce impactos de bala por Nolli, pero testigos afirman que estaba acompañado de otra persona.

La siguiente fue la subinspectora Karim Jimena Gallardo, de 28 años, soltera, quien como su colega se desempañaba en el departamento de Asesoría Técnica (Asetec) de la institución. Mientras estaba en su vehículo fue impactada a quemarropa por la espalda con cuatro balazos, transformándose en la primera mujer mártir de la policía civil.

Junto a ellos quedaron heridos en sus extremidades, aunque sin riesgo vital, otros dos detectives que fueron trasladados en helicóptero y ambulancia hasta el hospital de Carabineros, donde permanecen internados.

Después de la balacera en el barrio industrial de La Divisa, Nolli caminó con calma hacia el camión donde estaban el chofer Raúl Campos y su hijo Ulises. Tras limpiar cuidadosamente sus pistolas, las enfundó para luego recoger del suelo una factura. Entonces se acercó a Campos, a quien le entregó el documento y le ordenó que huyera rápido. Él, dijo, tenía unos trámites por hacer.

Con las pistolas todavía calientes en su chaqueta, Nolli partió a La Cisterna a hablar con Luis Rodríguez Maluenda, el dueño y administrador de “Goycolea”, empresa dedicada a la compra y venta de chatarra. El nombre de la firma viene de la calle donde se ubica y su “política empresarial” está definida en su página web: “Somos una empresa conciente [sic] de las dificultades medioambientales en que están insertas las distintas sociedades humanas, por lo cual queremos aportar nuestro grano de arena e incentivar el reciclaje y la reutilización de materiales de construcción y demolición”.

Su representante legal es Pablo Rodríguez Drake, ingeniero civil de la UC, hijo de Luis Rodríguez Maluenda. Cuando este último habló con los fiscales, les contó que Nolli había llegado pocos minutos después del tiroteo a su oficina, diciendo que unos “sicarios que se hicieron pasar por PDI” habían intentado matarlo. Según Rodríguez, Nolli le explicó que querían sacarle dinero para dejarlo en paz.

El dueño de Goycolea declaró que no le creyó a Nolli, que eso lo desesperó y que el pistolero le empezó a gritar:

Te dije que los Hernández iban a tender una trampa para perjudicarme, y que a ti te quieren sacar de Madeco y quizás hasta quieran matarte.

Alejandro Hernández, de la empresa Socorex Spa –dedicada a la exportación, comercialización y recuperación de excedentes industriales–, es quien supuestamente aparece citado en la declaración de Rodríguez. Se lo nombra, porque según Nolli, Hernández pretendía tenderles una trampa para poner fin a su vínculo con Madeco.

Después de discutir con Luis Rodríguez, Nolli salió rumbo a su departamento ubicado en el número 442 de Ricardo Cumming. Allí recuperó su arsenal: tres pistolas Glock calibre 40, dos Taurus, una de 9 mm con su respectivo cargador y otra .357 Magnun; una Norinco calibre 9 mm, además de 16 cargadores y 885 cartuchos para los tres calibres. A su pareja –Mercedes Vallade, quien desde el asiento del copiloto vio lo que pasó en La Divisa– le ordenó que preparara un bolso con algunas pertenencias personales: una muda de ropa, agua mineral. Nolli guardó todo y partió en su camioneta, solo.

La huida fue por Santiago Centro a la hora de almuerzo. Toda la ciudad estaba enterada de la muerte de los detectives en San Bernardo. Las radios de carabineros y de la PDI repetían la descripción del pistolero prófugo que conducía una camioneta Ford, modelo F-150, color rojo, patente YV-1108.

La policía interceptó a Nolli en la esquina de Avenida Balmaceda con General Bulnes, pero él –disparando a través de la ventana de la camioneta– se abrió paso hasta Cienfuegos con Agustinas, donde lo esperaba una muralla de policías y armas.

Atrincherado en su vehículo, Nolli nunca dejó de responder el fuego hasta que dos disparos –uno en la cabeza, otro en el tórax– lo liquidaron.

En la chaqueta de la sastrería Cubillos que Nolli llevaba puesta, había una suerte de diario de vida que, luego de ser descifrado por detectives, revelaría los detalles de su negocio. Ahí aparecían las cantidades de metal vendido, su pureza, el peso, el comprador y la fecha en que se había efectuado cada entrega.

La fuga y persecución

Mientras ello ocurría, el sujeto se dio a la fuga en dirección hacia el centro de Santiago y sus presuntos secuaces lo hicieron en una camioneta blanca, generando un procedimiento de gran magnitud por las calles de la capital que tuvo un primer enfrentamiento en calle Ricardo Cumming y su punto álgido en la intersección con Agustinas, donde se interceptó la camioneta del homicida, instante en que se produjo un tiroteo que él comenzó para evitar su captura.

En el lugar el sujeto de 68 años fue abatido en el lugar. La PDI informó que estaba fichado por falsificación y giro doloso de cheques, estafas. Además tenía antecedentes de 1987 por Ley de Armas de 1987 y el 15 de junio de 2010 por hurto de material de guerra.

En el lugar donde fue abatido Nolli otros dos detectives quedaron heridos y fueron trasladados al centro asistencial de la policía uniformada, previa estada en la Posta Central, donde fueron estabilizados.

En sus impecables calzoncillos blancos, Ítalo guardaba un fajo de 500 mil pesos, y otro. Y otro más. En total, seis millones en efectivo. Alguno que otro billete de menor valor y un par de monedas de 500 pesos. En su ropa interior Nolli, había guardado el dinero que portaba de sus negocios.

Pesquisas y complices

Tras ello, continuaron las pesquisas para dar con los cómplices del fallecido. Una de las acciones fue revisar el departamento que éste tenía en Ricardo Cumming Nº 1355, donde el Grupo de Operaciones Policiales Especiales (GOPE) hizo un forado en la puerta para ingresar al inmueble, lo que produjo una situación de riesgo ya que, a centímetros, la perilla tenía un dispositivo conectado a una escopeta y un extintor que daba a un maletín, presuntamente con explosivos, como medida de autoprotección.

Las pesquisas en torno a capturar a los eventuales cómplices del asesino de los detectives en San Bernardo, se trasladaron durante la tarde hasta la Costanera Norte, donde efectivos de la Policía de Investigaciones persiguieron a una camioneta Dakota verde con sujetos armados que habrían participado en el hecho.

Además, en el marco del operativo un vehículo de la PDI protagonizó un accidente en la intersección de la avenida General Velásquez y Nueva Imperial.

Las diligencias continuaron en Américo Vespucio con Laguna Sur en la comuna de Pudahuel.

Los procedimientos policiales destinados a dar con los cómplices del abatido presunto asesino de los detectives Karim Gallardo y Marcelo Morales, se desplegaron por gran parte de la capital, principalmente las comunas San Bernardo, donde se produjo el crimen, Cerrillos, Pudahuel, Maipú, Santiago Centro y Peñalolén, entre otras[1].

Los cómplices

Las diligencias realizadas hasta ahora en el marco de este caso dejan como resultado 4 personas detenidas. La pareja y el hijo del supuesto homicida de los funcionarios policiales arrestados en el domicilio cercano al que fue allanado en Ricardo Cumming, y dos empleados del fallecido delincuente, quienes fueron sorprendidos merodeando el lugar donde se produjo el trágico hecho.

Los cuatro detenidos en el marco del caso de la muerte de los dos detectives de la PDI, fueron interrogados en la Brigada de Homicidios de calle Condell, en Providencia.

En su edición informativa de medianoche TVN mostró imágenes que captan la escena del crimen y al victimario huyendo en la camioneta en la que posteriormente fue muerto durante el enfrentamiento en el centro de Santiago.

También, las cámaras pudieron captar el arsenal que tenía el delincuente en su casa.

Los cuerpos de los detectives asesinados fueron trasladados desde Servicio Médico Legal (SML) hasta la Escuela de Investigaciones, donde son velados por la institución hasta este viernes, día en que se realizarán sus funerales.

La vida de Italo Nolli

Hijo de un padre castigador, frío y déspota, el asesino de los dos policías replicó esa personalidad y repitió la conducta con su propia familia. A principios de los 60 comenzó su afición por el fisicoculturismo, las armas, se acercó a las drogas y comenzó a construir un guion de su historia que convenció hasta a sus más cercanos.

1933

Su padre Nolli Melloni arribó a Chile y fue recibido en la casa de un tío abuelo que tenía un negocio de cecinas en el centro de Santiago. Rápidamente se convirtió en la mano derecha del anciano. El padre de Italo Nolli Olivan se hizo de un nombre, era respetado, atractivo, trabajador, mujeriego. Se casó con Hilda Olivan y apenas tuvo familia, se convirtió en un déspota con cada uno de sus miembros.

1942

Italo Nolli nació muerto. La madre había sufrido de fuertes contracciones previas y su cuerpo estaba listo para el nacimiento, pero el parto del primer hijo de Hilda Olivan Catalán e Italo Nolli Melloni se extendió de forma alarmante. Entre los dolores extenuantes de la mujer y la desesperación de los doctores, Italo Jorge, como se llamaría el niño, al nacer, no respiraba.

Según su familia, estaba azul, asfixiado, no tenía oxígeno en los pulmones, su cerebro no daba impulsos al cuerpo, que estaba apagado y en cortocircuito, hasta que las maniobras de resucitación lo hicieron vivir.

Luego del éxito de la maniobra, los médicos determinaron daño neuronal. Pero se produjo otro daño tan irreparable como el fisiológico en el niño superviviente: la reacción de los padres, que fue por completo diferente. Mientras la madre se sintió obligada a protegerlo siempre y para el resto de su vida, el padre, italiano de nacimiento, empresario alimenticio exigente, duro y frío, renegó de él desde ese momento y hasta su muerte.

1944

Al nacer su hermana, dos años después, el descrédito al hijo Nolli, se acentuó. El niño fue despojado de los pocos privilegios que tenía como primogénito; su hermana, Mariana, se convirtió en el centro de atención del padre. Éste había llegado desde Piamonte, zona ubicada en el rico e industrial norte italiano, luego de que su padre, dueño de la fábrica de cecinas más importante de la región, no soportara que su segundo hijo varón pudiera ingresar al Ejército de Mussolini.

Cuando llegaba a su casa después de su trabajo, en las tardes, los hijos se escondían en el clóset, debajo de las camas, o se encerraban con llaves en las piezas de la casona de Seminario, entre Dublé Almeyda y José Domingo Cañas. Y la señora Olivan era la encargada de enfrentar al dueño de esa familia, quien la trataba con insensibilidad. Italo hijo le temía y poco a poco empezó a detestar al padre.

«Cuando comían, nadie podía hablar, estaba prohibido. Ni su esposa ni menos sus hijos, que años más tarde sumó una niña más. El hijo varón estaba en una situación más complicada que las demás porque la indiferencia y los castigos lo maltrataban a diario», dice un familiar.

En uno de los almuerzos, con lasagna y pastas -cocinadas por la madre-, la familia estaba reunida en la mesa del living-comedor, como siempre, en silencio. Comían. Por alguna razón Italo hijo decidió hablar por primera vez en su vida en medio del tabú de la cena.

Pero el padre lo interrumpió en seco con una acción que dejó aterrorizados a todos. Se puso de pie, tomó la fuente con lasagna y la tiró al piso, quebrándola y esparciendo el alimento por la sala; luego fue hacia la fuente de la salsa e hizo lo mismo. Italo, su madre y hermanas, callaron, mientras el padre caminó hacia la puerta y se fue a apostar al Club Hípico.

El padre castigaba físicamente al niño, como si se tratara de la parte esencial de su enseñanza como hombre; lo humillaba con comentarios despectivos y lo comparaba con su hermana. Con los años, el muchacho creció y comenzó a rebelarse. Al mismo tiempo en que se encantaba con las lecturas de La Ilíada y Adiós al séptimo de línea se enamoraba de las armas.

1960

Estudió en el Instituto Hispanoamericano, con buenas notas, pero en los últimos años dejó de creer en los curas y en Dios, y se declaró públicamente ateo. Cultivó su cuerpo, hacía pesas en la casa familiar y llegó a ser admirado por las mujeres. Italo Nolli le confesó a su familia su principal deseo: quería ingresar en la Escuela Militar, para ser un soldado profesional. Nolli padre lo habría escuchado y se lo prohibió, sin darle explicaciones. Comenzaban los años 60.

Había llegado el momento de exteriorizar el odio a su padre.

En el negocio de las cecinas, el viejo Nolli tuvo una dura discusión con su hija predilecta, que provocó que una mujer ajena a la familia la golpeara. El padre no la defendió, y la joven llamó a su casa para acusar la agresión. La atendió su hermano y le contó a éste lo que había pasado. Minutos después, Italo hijo apareció en el local y subió a donde estaba su padre. Se abalanzó sobre él, fuera de sí. Lo golpeó con puños y pies, varias veces, hasta dejarlo seminconsciente. Cuando su padre pudo hacer foco en su agresor, el hijo, convertido en un hombre, lo tomó de las solapas.

-Viejo cobarde -le dijo, según un testigo-, la próxima vez que te metas con mi madre o con mis hermanas, yo mismo, escucha, te mataré.

1962

Italo Nolli había delineado su cuerpo a punta de repeticiones con las pesas. Su pelo aun estaba sobre la cabeza, aunque ya sabía que, por genética familiar, quedaría parcialmente calvo a mediana edad, y totalmente, cuando fuera viejo.

Comenzó a trabajar en la confección de artefactos de cuero, y los vendía a las boutiques de Providencia, ganando dinero. De todas formas siguió viviendo en la casa de calle Seminario. La familia tenía un buen pasar económico y eso les permitía vacacionar en los balnearios de Viña del Mar y Quintero. En ambos lugares era el hombre que congregaba la atracción de las mujeres: cuando llegaba a la playa de Las Salinas, sus amigos lo rodeaban y Nolli comenzaba a hacer sesiones de fisicoculturismo. Hacían campeonatos playeros y lo coronaban año a año como «Míster músculo».

1963

En Quintero las cosas no eran diferentes. Su atractivo y encanto no pasaron inadvertidos para Katrina Jadué Chahuán.

«Era la mujer más linda de la zona. Qué mujer era ella, si todos los hombres la admiraban por su belleza y su físico. Pero llegó Italo, que tenía una pintaza. Katrina lo vio y la atracción fue inmediata», dice un amigo de la familia Jadué, que conoció a la pareja.

El romance fue intenso y el casamiento, rápido. Año 1963. Más de 100 personas invitadas a la boda. Nolli, encantador, era el hombre ideal a la vista de los comensales.

En esta parte de la historia no hay coincidencias. Mientras la familia de Katrina Jadué, que murió hace unos años de cáncer, cuentan que Nolli se convirtió en un monstruo con su mujer. "No la dejaba salir de su casa, la golpeaba, llegó a perder un hijo; ella le tenía terror y su vida con él fue un infierno", según dice su hermana, Magaly Jadué. Familiares afirman que no hubo golpes, pero sí una vida atormentada de pareja, producto de las sucesivas infidelidades de la mujer.

1965

La pareja no duró mucho más de dos años juntos. Ambos dejaron de hablarse y verse. En ese tiempo Italo Nolli comenzó a frecuentar plaza Egaña y es allí donde habría terminado de cuajar su personalidad criminal. Amigos conocidos en ese lugar facilitaron el gusto por la bebida, las drogas y las mujeres. Las armas empezaron a fascinarle de manera obsesiva.

Después del fallido matrimonio, decidió partir a Estados Unidos. Quería hacer dinero y esos eran los años del boom del sueño americano. Italo Nolli fue recibido en Filadelfia por una familia de conocidos.

Después de unos meses de comunicaciones, su madre recibió una carta. Según cuenta un familiar, los amigos de Filadelfia habrían escrito una carta diciendo que Nolli se había ido de Estados Unidos y que tenía la intención de pelear en Vietnam. Interpol se encargaría, hace menos de una semana, de negar la presencia legal de Nolli en ese país durante esa época.

Según quienes lo vieron regresar a Chile, era un hombre por completo transformado. La simpatía se había esfumado y se convirtió en un ser paranoico, hosco, frío. Seguía el encanto, pero iba a optar por la criminalidad.

1984

28 de julio de 1984: Este día se casa con con Gloria Farías, 16 años menor, con quien tuvo tres hijos. Este año Nolli tenia 42 años.

1987

Este año Nolli ideó un fraude, para cobrar dos seguros de vida a nombre de su esposa. Para ello la declaro muerta, (sin estarlo). Este delito, lo llevó por primera vez a la cárcel, cuando su propia mujer lo denuncio. La policía allano la casa y descubrió su impresionante arsenal de armas comunes y de guerra y su particular forma de ser.

Su madre lo iba a ver a la cárcel. Nolli siempre estuvo en pensionado y allí, fue compañero de Mario Santander Infante, uno de los inculpados del asesinato de Alice Meyer, que más tarde quedó libre.

1996

Italo Nolli regresó a la vida civil y desarrolló su negocio de la chatarra que lo llevaría con el tiempo, y según se investiga ahora, al negocio de la comercialización de cables de cobre robados. Tuvo diversos protestos de cheques. Este año fue detenido nuevamente por una estafa.

Con los años el patrón se repite. Uno de los hijos de Nolli declara, que su padre hacía lo mismo que su abuelo:

«Mi padre golpeaba a mi madre», dice un hijo. «Un día, sentados a la mesa, nadie podía hablar, estaba prohibido, él vio una cosa que no estaba bien en la comida, y destruyó todo lo que estaba en esa mesa».

El patrón se repetía de manera calcada.

2004

Su padre falleció de un problema pulmonar, a los 92 años. Antes de morir Nolli lo fue a ver. Le dio la mano fuertemente, durante largo rato.

-Eres un fuerte, vas a vivir- dijo, en presencia de un grupo de cercanos.

Días después, murió.

2005

Su madre estaba agónica. Falleció en los brazos de Nolli, quien nunca dejó de ayudarla. Antes de morir, le dijo:

-Estoy vieja y quiero morir. Estoy cansada de estar preocupada de ti toda la vida. Quiero morir luego y así te voy a venir a buscar-contó Nolli, luego de que ella falleciera[2].

El historial delictivo del excombatiente en Vietnam

Cada vez que Italo Jorge Nolli Olivan era detenido por algún delito financiero relacionado con estafas, giro doloso de cheques o falsificación, quedaba en evidencia el gran arsenal de armas que tenía en su poder. Tanto le gustaban, que en los años 80 quería ser conocido como el «Rambo chileno».

En esa época fue definido por sus vecinos como un hombre huraño, extraño y prepotente, características que repiten los residentes del edificio en el que vivía actualmente, en Yungay con Cumming. Para allanar su departamento, el Gope de Carabineros evacuó todo el lugar: Nolli había amarrado con un hilo a la puerta una escopeta que se dispararía cuando la policía o algún intruso ingresara a la vivienda.

1986 Declaró a su esposa muerta para cobrar seguro

La casa en la que vivían los Nolli Farías en La Florida durante los años 80 era amplia y construida en un sitio de más de dos mil metros cuadrados. Hasta allí llegó, en enero de 1987, el OS-7 de Carabineros, para allanar la vivienda y encontrar una gran cantidad de armamento. Según los relatos de prensa, había una carabina M-1, un fusil Garant M-1, 18 cargadores, cuatro granadas M-9 antipersonal, por lo que Nolli fue procesado y, en un primer momento, vinculado al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, lo que luego se descartó.

Los policías dieron con el paradero de Nolli, debido a una denuncia que realizó su entonces esposa, Gloria Farías, acusándolo de hacerla aparecer como muerta. «Compró un cajón, dentro de éste puso leños de tal manera que parecieran un cuerpo… al otro día hizo el funeral y la cremación», relata el entonces fiscal militar Aldo Duque, quien procesó a Nolli por estos delitos. Duque agrega que Nolli puso una placa en el ataúd que decía que se trataba de una muerte por sida, para asegurarse de que no fuera abierto.[3]

Hasta el gato del Cementerio General se fue preso en 1986 por la falsa muerte de su esposa que planeó el empresario Italo Nolli para cobrar un millonario seguro de vida.

En su afán por hacerse de dinero fácil, el asesino de los dos funcionarios de la PDI urdió en la década de los ’80 un siniestro plan que incluyó la fraudulenta cremación de su señora en los hornos del Cementerio General.

Contrato un seguro a nombre de su esposa María Farías López por 2.500 UF, equivalentes a 8.356.175 pesos de la época. Además de ese seguro, había otro, también a nombre de la mujer, firmado con la compañía norteamericana Western Life Insurance Company y que estaba tasado en 100 mil dólares, unos 20 millones de pesos de entonces.

En la gran estafa fraguada por Nolli se vieron envueltos los trabajadores del panteón, los empleados de la funeraria La Pompeya, un médico y hasta un funcionario del Ejército.

El entonces fiscal sumariante de la Tercera Fiscalía Militar, Aldo Duque, contó a La Cuarta que la farsa de Nolli comenzó cuando mandó a su esposa de vacaciones a la ciudad de Villarrica y, sin necesidad de hacerlo, le contrató un jugoso seguro de vida.

Mientras María Gloria Farías se encontraba en el sur, Nolli recurrió a todos sus contactos en la capital para simular el fallecimiento de la mujer, 16 años menor que él, y luego cobrar los $28 millones del seguro.

Tras conseguir que un médico «certificara» la muerte de su esposa, Italo Nolli pidió en el Registro Civil el pase de sepultación y luego compró un cajón en el desaparecido local de funeraria La Pompeya, que funcionó en Portugal 472.

Cómplice en la estafa de Nolli fue su amigo Alejandro E., quien por esos años era uno de los mejores armeros del Ejército. El funcionario militar era cuñado del entonces dueño de la funeraria La Pompeya, Manuel Pavez, y por lo mismo le avisó que él se haría cargo personalmente de encajonar a la señora de su amigo Italo Nolli.

Para evitar ser descubierto, Nolli le dijo al nochero de la funeraria que su mujer había muerto de sida y no lo dejó entrar a su casa. En 1985, el actor gringo Rock Hudson se había convertido en uno de los primeros casos publicitados de VIH, por lo que el ataúd de la supuesta víctima fue sellado.

El abogado Aldo Duque confirmó a La Cuarta que Nolli puso una placa en el cajón que decía que la víctima había muerto de sida. De esa forma se aseguró de que nadie lo abriera y descubriera que lo había llenado con palos y un perro.

Obviamente no hubo responso, flores ni velorio y al día siguiente Nolli llevó el cajón al crematorio del Cementerio General, donde se concretó la útima [última] parte del plan. En la más absoluta soledad, el féretro fue bajado a los hornos y quemado.

La mujer de Nolli se percató del engaño cuando revisó el obituario en el diario y vio su nombre en la lista de finados. María Gloria Farías de inmediato regresó de sus vacaciones, denunció su propia muerte y la policía allanó la funeraria de Pavez y la casa de Italo Nolli.

El hecho desató una investigación que terminó con la detención de Italo Nolli, del armero Alejandro E. y del médico que «certificó» la muerte.

Por culpa de Nolli pagaron el pato el exjefe del crematorio, Rogelio Rodríguez; la secretaria Gloria Marambio, los operarios del horno S.C. y F.P. y el dueño de la funeraria La Pompeya, Manuel Pavez. También se fueron en cana el nochero de la pompa fúnebre y el encargado de trasladar el cajón en un carro al crematorio.

Tras pasar cinco días incomunicados en la expenitenciaría, todos los detenidos fueron liberados por falta de méritos, menos Italo Nolli, el armero y el médico, que fueron sometidos a proceso por el delito de estafa.

Durante las pesquisas, funcionarios de Carabineros allanaron la casona de Ítalo Nolli y recuperaron armas y municiones. El arsenal era similar al que la policía le encontró el miércoles pasado en su departamento del edificio Parque de los Reyes II.

En los operativos por la estafa, Nolli cayó con un fusil, cuatro granadas de fragmentación, una carabina semiautomática, munición de guerra, una mira para tanques, gas paralizante, 18 cargadores y sables de samurái, por lo que la Tercera Fiscalía Militar lo procesó por almacenamiento ilegal de armas de fuego.

1996

En abril de 1996 fue detenido por falsificación, infracción a la ley de drogas, giro doloso de cheques y estafa por cerca de 350 millones de pesos. En su casa, la policía encontró dos pistolas, seis cargadores y una canana con munición, por lo que también fue procesado por infringir la Ley de Control de Armas y Explosivos.

Antes de esa detención, Nolli registraba 10 órdenes de aprehensión pendientes. Estuvo recluido hasta el 6 de mayo de 1999, pero no fue procesado, pagando una fianza de 50 mil pesos para su salida.

2007

Este año nuevamente fue detenido por el delito de falsificación.

2010

En junio de 2010, enfrentó una nueva orden de detención.

2011

Su pareja y 2 asistentes de Nolli, quedaron presos por los crímenes de la inspector de la PDI Karim Gallardo y del subcomisario Marcelo Morales.

El camionero Raúl Campos y su hijo Ulises fueron formalizados como autores de los asesinatos, ya que, según el fiscal Sergio Soto, también habrían disparado contra los policías.

«En sus manos se encontraron trazas de plomo, bario y antimonio», dijo el fiscal.

Mercedes Vallades, pareja de Italo Nolli, también enfrenta cargos por homicidio, pero como encubridora. «Ella no disparó, pero facilitó la fuga de Nolli», señaló el fiscal. Debido a que al ser detenida tenía un revólver, la mujer además fue formalizada por tenencia ilegal de armas de fuego.

Los detenidos también fueron encausados por asociación ilícita para la receptación de cobre robado, y más encima enfrentan querellas del Gobierno y la PDI.

Sólo por cada uno de los crímenes, los imputados arriesgan desde 15 años de cárcel[4].

Asociación ilícita

Tufit Bufadel, fiscal jefe de Maipú, encabeza la investigación por la presunta asociación ilícita que Nolli habría llevado a cabo en sus negocios. Aunque no es prioridad del fiscal investigar a Nolli –porque está muerto– ni el dinero que éste habría ganado, Bufadel ha establecido que la organización que Nolli encabezaba basaba sus negocios en la obtención de cobre robado. La manera de operar –llegó a establecer la fiscalía– era ordenada y jerarquizada: los líderes eran el mismo Nolli y el dueño de Goycolea, Luis Rodríguez Maluenda.

Raúl Campos y su hijo Ulises, los peonetas, eran los responsables de recolectar el metal que se comerciaba “en negro” y trasladarlos a la bodega de calle Cueto 895, donde seleccionaban el material que iba a ser entregado a Madeco Mills.

Mercedes Vallade, la pareja de Nolli, era la encargada de acompañarlo en las entregas de cobre.

Los Rodríguez proveían las facturas de Goycolea, para que Nolli pudiese entrar a Madeco Mills sin levantar sospechas.

Sólo en el período 2010–2011, las transacciones de Goycolea con Madeco Mills alcanzaron alrededor de 2.259 toneladas de cobre. Otra parte del negocio era la evasión del IVA: 1.430.496.368 pesos por parte de Nolli y sus socios, según cálculos de la fiscalía.

El fiscal está investigando además la responsabilidad del ingeniero comercial Julio Lacámara Zulueta, del contador Jaime Massardo Barroso y del ejecutivo Patricio Torres Oteíza.

Lacámara era el nexo entre Madeco Mills y Goycolea, y el responsable de cobrar los cheques. Pieza fundamental de la organización, conoció a Luis Rodríguez el año 2009 a través del cuñado de éste, Alfredo Hernández. Fue así como Rodríguez y Lacámara se reunieron en una pizzería de Apoquindo, donde el ingeniero comercial propuso el plan: unos amigos en la gerencia de Madeco Mills le facilitarían la entrada de metal traficado, pero necesitaban una persona con experiencia para recolectarlo.

En una declaración de Héctor Añazco, otro imputado, se señala que el contacto de Lacámara dentro de Madeco Mills era el gerente de administración y logística, Erwin Blaschke, quien se habría encargado de acelerar los pagos de las facturas y de no rechazar el material.

Jaime Massardo Barroso, el contador de la sociedad, era quien facilitaba la documentación falsa. Hacía las guías de despacho a nombre de Ana María Bórquez, una de varios palos blancos que en Goycolea manejaban para justificar la compra de cobre robado.

Patricio Torres Oteíza, uno de los encubridores del delito para la fiscalía, era quien proporcionaba, a través de sus empresas “Excedentes Patricio Torres Oteíza E.I.R.L.” y “Excedentes y reciclajes Maipo Ltda.”, facturas y guías de despacho para justificar ventas que existían sólo en el papel.

Los querellantes

El Servicio de Impuestos Internos (SII) calcula que el perjuicio al Fisco hecho por Goycolea asciende a los a 1.400 millones de pesos, los que estarían repartidos entre los integrantes de la “sociedad Nolli”. Según consta en el documento de la denuncia hecha por el SII, la ruta de limpieza del fraude tributario consistía en respaldar con documentación y datos falsos las supuestas ventas realizadas por Goycolea.

Chilectra, Compañía General de Electricidad, Telefónica y Movistar emprendieron acciones por receptación y asociación ilícita, debido al robo de cables de sus propios tendidos. Las empresas argumentan que debido a la substracción sus servicios no pudieron desarrollarse con normalidad, “pasando a constituir un riesgo que potencialmente afectaría a miles de usuarios del sistema”.

Entre el material rescatado de la bodega de Nolli, la Compañía General de Electricidad logró identificar 340 kilos de cobre que pertenecían a su empresa. Chilectra, en tanto, reconoció otros 300 kilos.

Hoy, la justicia todavía busca establecer las responsabilidades que le competen a cada uno de los involucrados de la asociación ilícita y sigue investigando las responsabilidades que le caben a la empresa que recibía el cobre robado, Madeco Mills.

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  • Aunque llegó a mover más de 16 millones de dólares sólo entre 2010 y 2011, el pistolero vivía en un departamento arrendado de la calle Ricardo Cumming. Ahí tenía una cama de dos plazas, un clóset con un par de chaquetas y 2.527 cartuchos de bala. Aún nadie sabe dónde guardó el dinero que ganó traficando cobre[5].

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Diario La Nación/ 24 de marzo de 2011
  2. La Tercera/ 3 de abril de 2011
  3. La Tercera/C. Araya, C. Argandoña y J. Ramírez/ 24 de marzo de 2011
  4. La Cuarta/Carlos Godoy S./ 28 de marzo de 2011
  5. Ítalo Nolli: Una historia de cobre y plomo/Carola Julio

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