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Juan Achurra Larraín

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Juan Achurra Larraín
Bienvenido a Biografías

Presentación

Juan Achurra Larraín, un oscuro abogado cuya única gracia es ser primo del Ministro de Hacienda, Andrés Zaldívar Larraín, pasará a la historia oculta de Chile, esa que no se enseña en las escuelas y liceos porque "afea" la imagen de las clases dominantes.

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Contenido

El 9 de marzo de 1969, el Subsecretario del Interior, Juan Achurra Larraín, dio el conforme al Intendente subrogante de la provincia de Llanquihue, Jorge Pérez Sánchez, para que ese sujeto —cuyos móviles siniestros aún no se esclarecen— ordenara la masacre de Puerto Montt. El Subsecretario Achurra Larrain admitió públicamente que fue consultado por Pérez Sánchez y que instruyó a éste para que actuara según su "criterio", asegurándole que el Ministerio del Interior respaldaría plenamente cualquier acción suya. Más claro echarle agua. Achurra Larrain, ciñéndose a la política fascista que viene aplicando el gobierno democristiano, daba a su correligionario Pérez Sánchez autorización para balear impunemente a un grupo de chilenos humildes.

Juan Achurra Larraín, que en esta forma se incorpora a la historia de las masacres en Chile, era hasta hace poco un ignorado funcionario del palacio de La Moneda. Se desempeñaba en la Subsecretaría General de Gobierno, entre papeles y gajes burocráticos. Parecía conforme con un empleo apropia, do a sus luces. Al menos, como muchos de sus parientes, había encontrado en el actual gobierno un alero bajo el cual vegetar a costa del Fisco. Su primo hermano, Andrés, es Ministro de Hacienda. Un hermano de éste, Sergio, ocupa un alto cargo en la CORFO y acaba de ser elegido diputado democristiano, después de una campaña publicitaria cuyo costo asombró al país. La lista de parientes en la Administración Pública es casi interminable. Manuel Achurra Larrain es ejecutivo de ODEPLAN. Javier Larrain Orrego, otro primo, es presidente del Instituto CORFO-Norte y presidente de la mina de cobre "La Exótica". José Florencio Guzmán, Subsecretario de Hacienda, es primo de los Zaldívar y a la vez primo de Claudio Orrego, ex director de "La Nación", etc. Y así. A los 35 años de edad, Juan Achurra Larraín, que en sus comienzos ofició como procurador del bufete de abogados de Eduardo Frei, se ha convertido en un ser poderoso. Dispone de la vida de los chilenos... de los chilenos desamparados, claro. Es uno de los grandes duques de la farra de sangre que se ha pegado la Democracia Cristiana.

Ese día lunes, en la tarde, llegó a Puerto Montt el senador socialista Salvador Allende. Él con la senadora Campusano y dirigentes de pobladores, acordaron con el Intendente Espinace los puntos de una "solución" final al conflicto. Se entregarían casas a los deudos de las víctimas fallecidas, y a los pobladores que participaron en la toma de los terrenos desalojados que figuren en la encuesta realizada el día anterior por el Mayor Rodríguez, se les entregarán 45 sitios semiurbanizados, sin pago de cuota previa, con un plazo de tres meses para iniciar la cancelación de las cuotas CORVI. Aun cuando el acuerdo en esa reunión no aparecía tan amplio, fue modificado en esos términos en conversaciones posteriores con pobladores y el regidor Espinoza. El gobierno había hecho cuestión del pago de las cuotas para no entregar terrenos de la “Operación Sitio”. Tampoco logró el gobierno que los funerales de las siete primeras víctimas fueran privado. Una columna de alrededor de diez mil personas bajó desde los cerros de Puerto Montt e impuso su voluntad a los dirigentes, que, según los acuerdos, debían llevar los cadáveres hasta el cementerio sin pasar por la Plaza de Armas, vale decir el centro de la ciudad.

La ira del pueblo se descargó en gritos y amenazas llenas de dolor e impotencia. "Asesinos, vean lo que han hecho", gritaba el pueblo. "Asesino Pérez Sánchez, debe pagar", gritaban. "Demócrata Cristianos, no lo olvidaremos", y muchos gritos más, que terminaron por confundirse con el coro de rezos que levantó entre los católicos un curita de barrio que acompañaba el cortejo, y que ofició la misa de réquiem en el velorio. Pero eran los mismos, los que rezaban y los que gritaban.

En un último esfuerzo por acallar el clamor general de estupor y repudio que se levantaba en el país, voceros del gobierno hicieron circular la especie de que los pobladores se habían convertido en profanadores de tumbas, 'bajo la dirección de Luis Espinoza. En el cementerio, el día de los funerales, las cosas sucedieron de manera distinta. En los momentos en que bajaban los ataúdes a las fosas, algunos pobladores vieron dos cajones de estructura burda, ataúdes de niños, depositados en nichos abiertos. Estos cuerpos fueron relacionados con los desaparecidos que denunciaban los vecinos de la Pampa Irigoin. Los cuerpos de los menores no estaban registrados en el libro de inscripción del Cementerio, lo que aumentó las sospechas. Otro tanto ocurrió con dos cadáveres enterrados a flor de tierra, a otro lado de la muralla divisoria del recinto. Los pobladores que intentaron subir a la muralla para tener colocación en el entierro, removieron la tierra y dejaron al descubierto los cajones, igualmente de construcción ligera. Esto fue lo que ocurrió con la historia de la "profanación".

Los pobladores no tuvieron otra participación que relacionar esos ataúdes, para ellos misteriosamente recién enterrados y muy superficialmente, con los desaparecidos de pampa Irigoin que no se cansan de denunciar.

A pesar de los hechos, la mayoría de las radios y diarios se volcaron en una campaña de ataques a los pobladores y en un esfuerzo por distraer la atención sobre el fondo de la sobrecogedora matanza del 9 de marzo. En una trágica coincidencia, cuando los sin casa de Puerto Montt enterraban a sus muertos, se recordaba el tercer año de la masacre del mineral El Salvador, cometida por el mismo gobierno del presidente Frei, el H de marzo de 1966.

La masacre vista por los universitarios

La Universidad de Chile, a través de su Departamento de Extensión Cultural de la sede Osorno, realizó una investigación que acumuló una suma de antecedentes que permitieron al Consejo General de esa casa de estudios tener una visión desvinculada de interpretaciones dirigidas o prejuiciosas, ya que tuvo a su alcance el poder examinar los hechos en las fuentes mismas y con las personas que participaron.

Estos antecedentes fueron utilizados en el documento que presentamos, y que redactó el jefe de dicho Departamento.

"Yo estaba durmiendo cuando llegaron los carabineros... cuando salí, uno me pegó. Corrí a esconderme debajo de una casa, entre unas tablas. Por allí pasó una bala..." (declaración de una niña de 11 años).

"Mi guagua, me quemaron mi guagua", (una mujer en el funeral).

"No haremos una justicia de clase" (Allende en su discurso del cementerio).

EL terreno se extiende sobre la meseta que rodea a Puerto Montt, cortado por un lado por la Carretera Panamericana, limitado por el otro, doscientos metros al este, por las casas de la población Manuel Rodríguez. Pequeños habitáculos, muchos de ellos de no más de seis metros cuadrados, donde nunca se ve más de una cama. La pampa reconoce algunas ondulaciones, en el alto pedregoso verdean algunos chacayales, en el bajo los pies se hunden en un musgo pantanoso donde aparecen matojos de junquillo.

Hoy el verde está interrumpido por restos de fogatas donde parece haber ocurrido un festín de gigantes. En una loma hay un alto palo con una corona y una bandera. Las gentes se pasean por abajo, cuchichean, pero ya realizan su afán de todos los días. También circulan por entremedio algunos policías de civil que practican allanamientos y dan consejos.

___

En la noche del dos de marzo los ocupantes de los terrenos de Rociel Irigoin ya no tenían temores de sufrir un desalojo. "El jefe de carabineros con el señor Espinoza, anduvieron esa tarde midiendo y entregando, los sitios". El jefe policial hasta contribuyó con algunas ideas que sonaron alentadoras: "cuiden y respeten el lineamiento de las calles". De paso levantó también un censo con la composición de cada grupo familiar. Después se le compararía con Dayan.

Aquella misma noche, todo debía ser más incierto en otros terrenos ocupados, muy lejos de Puerto Montt, en Hueico o Ñancucheo, en Malleco, por ejemplo. Donde penaba desde hacía una semana la sombra de un enfrentamiento decisivo.

Quizás también el gobierno se preguntaba en aquellos días dónde estaba el eslabón más débil.

Sin embargo, el jefe de la población tomó algunas precauciones de rutina. Mantuvo los turnos de vigilancia. En la noche había conocido rumores en el sentido de que los carabineros habrían recibido órdenes especiales con respecto a su población.

Otros fueron más confiados. La batalla polla tierra parecía llegar a su fin. Uno diría después:

—Cuando me acosté aquella noche con mi mujer y los niños, la luna era mi frazada.

Así se fue haciendo el silencio hasta que al filo de la mañana fue roto por el canto lejano de los gallos.

Puerto Montt tenía antes del terremoto de 1960, alrededor de cincuenta mil habitantes. Ciudad fundamentalmente comercial, término del ferrocarril, enlace del despedazado archipiélago y de la Cordillera chilota con el norte. Asiento natural de sectores sociales que explotaban los campos de los alrededores y de más al sur —no se presencia ningún desarrollo industrial: las fuentes de trabajo mes importantes los proporcionan las obras del puerto, las obras camineras, los molinos y aserraderos. Y el increíble bolicheo que recorre con sus cantinas y verdulerías desde Angelmó hasta los cerros. La industria más moderna de la provincia está en el interior, en Llanquihue: son Iansa y Chiprodal.

El campo de las inmediaciones tiene la estructura mixta de la mediana, grande y pequeña propiedad, con sus contrastes y defectos productivos característicos, dentro de la privacidad y la situación del mercado satelizado. En torno tienden sus tentáculos va rías organizaciones bancarias, conocidos comerciantes mayoristas y el aparato burocrático.

El poder de la ciudad se concentraba en los propietarios de almacenes y de algunos fundos de los alrededores. Con el tiempo se agregó a la élite el profesional liberal, la rotativa de los capos políticos de medio pelo y los burócratas de turno. De alguna excelencia —un poco colonial— han disfrutado siempre los oficiales de alta graduación que sientan allí sus reales durante algún tramo de sus carreras. La élite tiene sus colegios: el San Francisco Javier, la Inmaculada Concepción, el Colegio Alemán... y en cierto modo también el Liceo. Nivel en que, en la mayoría de los casos termina su instrucción.

Con el tiempo ha venido también la expansión del turismo, y los grupos que se han enriquecido con la política y las puertas que deja abierta: las concesiones de líneas de buses, los taxis, etc.

Los partidos que elegían diputados y senadores y manejaban el municipio eran el conservador y el radical. Los comunistas tenían una existencia débil que obedecía al esfuerzo de antiguos fundadores (en la tradición del frente populismo). En Puerto Montt tuvieron sus baluartes electorales Haverbeck, Brahm y otros capitostes de extrema derecha que no tenían otros intereses que los estrictamente familiares, distinguiéndose por no haber abierto nunca la boca en el Parlamento.

Con el ibañismo ya comenzó, sin embargo, a hacer su aparición un sector pobre sobreviviente en la necesidad extrema que habitaba los barrios semirrurales, en las alturas del puerto. Su reivindicación mayor era el techo. Comienza también el crecimiento del Partido Socialista.

Después del terremoto de 1960, se inicia la toma de terrenos como solución única para un excedente de población que fluye desde los barrios superpoblados destruidos y desde los campos que experimentan la presión de condiciones de mercado extremadamente desfavorables. (Ej. la papa se compra por los intermediarios al productor, a un precio aproximado de una tercera parte de aquél a que es vendida al menudeo en el mercado metropolitano).

Nacen así poblaciones nuevas —instaladas en ranchos provisorios— que se hacen permanentes. Con todas las características de la "callampa". Estas poblaciones tienen, como es sabido, su movimiento expansivo sui géneris. Puerto Montt llega así a 1968 con una población que pasa los 100.000 habitantes. La presión demográfica sigue creciendo.

El año pasado vio varias tomas de terreno que se consolidan no sin lucha. En un caso dicen que la agresión policial se detuvo sólo porque se puso a la entrada de la población un letrero que decía: "Población Eduardo Frei" (queda al lado de la cárcel modelo que domina con su magnífica (!) presencia la ciudad del estuario); y en otra, porque los carabineros fueron efectiva y enérgicamente batidos. En realidad, porque "eran otros tiempos". ..

Después del ascenso del Partido Nacional en las últimas elecciones, la suerte de las ocupaciones iba a ser muy distinta —a menos que se generalizaran.

Estas elecciones son inseparables de los hechos que la siguen. Porque, hasta donde los datos reunidos de la masacre de Puerto Montt dan lugar a una interpretación, fue una masacre políticamente discernida. Interpretación que es por lo demás la que utiliza Ja mayoría de la población encuestada en el lugar de los hechos.

Porque, a pesar de lo dicho por el Ministro del Interior, Pérez Zujovic, la intervención policial no puede asilarse en demandas del propietario Rociel Irigoin, ya que éste, según sus propias declaraciones difundidas por la radio, no solicitó en ninguna ocasión fuerza policial para un desalojo.

A la una de la madrugada del día 3, Investigaciones detiene al regidor Luis Espinoza, socialista, a quien se acusa de agitación entre los pobladores, y es trasladado a Valdivia en calidad de detenido. Investigaciones ya sabe que en algunas horas más se procederá a actuar con energía extrema por cuenta de carabineros.

En las altas esferas de la administración provincial también hay antecedentes precisos de lo que ocurrirá. Ha sido removido "por enfermedad" de su puesto el Intendente titular, y en su lugar queda un joven abogado, Jorge Pérez Sánchez, que personalmente ha tenido diferencias con el regidor Espinoza y que en su falta de experiencia podía fácilmente escabullir otras responsabilidades. Pérez Sánchez declararía después de los sucesos que él actuó siguiendo instrucciones precisas del Ministerio del Interior, organismo con quien estuvo la Intendencia permanentemente conectada. El Ministro del Interior, en declaraciones al diario "Ultimas Noticias", generaría una situación de inimputabilidad al señalar que sólo habría indicado la posibilidad de que el Intendente "actuara según su criterio". Debate difícil de seguir, pero que en esencia consulta una autorización amplia para que la fuerza policial hiciera uso de su poderoso arsenal produciendo necesariamente una catástrofe. Como ocurrió.

Alrededor de las 7 de la mañana se vio enfilar hacia la población por la carretera Panamericana a camiones de donde desembarcan cerca de 200 carabineros (cifra en la que concuerdan casualmente el Ministerio del Interior y los pobladores). Detrás de ellos hay antecedentes de que se mantuvo siempre a mano los fuertes contingentes que desde la semana anterior se habían ido amasando desde Concepción al sur y que son corridos hacia Puerto Montt como peones de un tablero.

Los piquetes de guardia los vieron llegar y el jefe de la población dio orden de alertar a los sectores vecinos, y de pedir ayuda "tocando el fierro" —un riel. Tarea que realiza un muchacho "hasta que lo cortaron de un balazo".

Un poblador relata:

—Se vinieron en línea, se replegaron, hicieron un cuadro, con sus oficiales con metralletas adelante. Hicieron un cordón, avanzaron disparando, los muertos los iban dejando atrás. Regaban bencina en las casas. Los cabros los tiraban al fuego.

Otro dice:

—Traían bolsas de piedra que le tiraban a las casas, y cuando la gente respondía contestaban con balas. Iban en grupos de a cinco. Con hachas se lanzaban contra los pies derechos y echaban abajo las chozas. A uno se le cayó encima ...

—Y con tarros de parafina regaban bencina. ¡Y métale fuego!

Lo que parece evidente, por los restos encontrados, es que los carabineros avanzaron disparando para dar a la altura del tórax o del abdomen, es decir, a matar. No se cuidaron de circunscribir el efecto de sus disparos, que acribillaron las paredes de la población vecina a una altura aproximada de metro y metro y medio, dejando de esta manera un testimonio objetivo de su saña.

La gente fue sacada a tirones del sueño. Cuando los niños escapaban sufrían actos de brutalidad inusitada. Para salvar al hijito de tres años de un compadre, a quien se le venía encima un carabinero, un hombre corrió con él en brazos hasta que le saltaron la cabeza de un balazo. A la madre de ese mismo niño la revolcaron sobre un brasero y estando ella en el suelo le dieron golpes de culata en los riñones (provocando el desprendimiento de uno) y en la pelvis.

Los gases asfixiantes lanzados sobre una criatura de cortos meses simplemente la mataron.

Un hombre que al sentir los disparos se levantó apurado, mientras se ponía los pantalones fue atravesado por una bala que antes se abrió paso por las paredes y tabiques de su casa. La bala hizo su trayecto de derecha a izquierda a través del hígado. Murió.

Otro pensó acudir en ayuda de su gente, salió, dio unos pasos y se quedó clavado. ¡Ay, vieja! alcanzó a decir otro que miraba colgado de una cerca. Dos militares —conscriptos— que salían de la población fueron alcanzados por una ráfaga. A éstos los carabineros les quitarían y quemarían ed uniforme poco después.

En suma:

Todas las casas fueron quemadas. Todos los enseres amontonados en el centro de la toma y quemados. A la pira, parece que "inadvertidamente", se arrojó una guagua cuyos restos fueron encontrados entre los carbones. Algo de la madera se la llevaron en camiones.

La lucha duró cerca de hora y media, o una hora, según los testimonios. Había 91 ocupantes en la población, con sus hijos. Después llegó gente de la población vecina. Pero nunca fueron los que aparecen en el parte del Gobierno.

Los cadáveres los llevaban en carretillas y amontonaban en una zanja, algunos otros, parece, fueron ocultados. Hasta el momento hay cuatro desaparecidos de quienes nadie da razones.

Los muertos oficiales sumaron al principio 7, y la cifra fue subiendo a medida que bajaban las noticias desde el hospital, hasta totalizar 9 en este momento. Los heridos eran cerca de 60. Al hospital ingresó sólo una fracción. La gente prefirió escapar de lo que caracterizan como "la segunda comisaría". A uno lo operaron de una bala en el brazo con una hoja de afeitar, en la misma población.

En medio del combate alguno fue al campo a buscar a sus compañeros caídos. Usaba una puerta como camilla.

—En una rancha acumulamos a cuatro compañeros, uno muerto y tres heridos graves.

Al sentir los disparos uno le dijo a su mujer:

—Prefiero morir levantado y no en la cama.

Este vio morir a un compañero a manos de un carabinero de apellido González.

En el parte que confecciona Carabineros sólo hay heridos graves y muertos entre los pobladores. Entre los carabineros, salvo un par de excepciones, sólo heridas caracterizadas como leves.

Hasta aquí, todos los testimonios reunidos permiten establecer que no hubo agresión por parte de la población; que ésta procedió de Carabineros. Que no hubo parlamento ni advertencia previa al ataque físico y violento. El baleo atronó sobre los techos de Puerto Montt, creando un clima de tensión y alarma. Pronto se hicieron presentes en el lugar de los hechos varios miles de personas que espiaron sobre el humo que se levantaba sobre el lugar de la masacre.

—Allí estaban los carabineros, como culebrones en medio del potrero, como queriendo ocultar algo entremedio de ellos.

En la Universidad de Chile en Osorno se tuvo conocimiento de estos hechos al mediar la mañana, y tras una rápida consulta el Departamento de Extensión Cultural procedió a enviar una delegación de profesores a recoger información. Respondía esto al criterio que esta sede de la Universidad defendió en los claustros de la Reforma el ser la conciencia crítica de la problemática social del país.

Los diarios y agencias noticiosas radiales atronaban mientras tanto el espacio, desde Santiago, con informaciones que frecuentemente no tenían otro asidero que la oficial o aquella otra bastante tendenciosa que se dejó filtrar.

Se había dado el golpe certeramente en el eslabón más débil. Estos ocupantes de tierras carecían de apoyo en un área industrial o agrícola de relativa homogeneidad. No había en ese momento ni siquiera escuelas o liceos en funciones donde pudiera aglutinarse una conciencia de resistencia. La tarea esencial que enfrentaban las diferentes autoridades estatales, era encauzar el dolor y cualquier sentimiento de protesta hacia una coexistencia.

Comenzó en un galpón donde se velaron los restos. Continuó por calles previamente establecidas por la autoridad militar, prosiguió con la ruptura combativa de este cerco y el paseo de los cadáveres frente a la Intendencia en medio de escenas de dolor inenarrables. Al frente, en medio de una cadena formada por hombres de las poblaciones, iba un grupo de niños que portaba el ataúd de una guagüita. Detrás, a hombro, porque rechazaron las carrozas que ofrecía "generosamente" la Intendencia, los ataúdes de los otros mártires.

En la subida del cementerio, entre las banderas socialista y comunista se cantaba el Ave María. Este funeral desmintió por sí solo todo lo dicho sobre la "organización" y el "concierto", porque al revés de aquellos donde pesa un grupo político, aquí nadie gritaba consignas, cada uno aullaba su propio dolor. Las cintas que grabó la Universidad constituyen a este respecto un documento patético.

PROF. FEDERICO GARCÍA Director de Extensión, Osorno [1]

El Consejo General superior de la sede de la Universidad de Chile en Osorno, a la opinión pública del país.

Al tener conocimiento de los graves sucesos acaecidos en Puerto Montt, el Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Chile en Osorno, procedió a enviar una delegación de profesores, a fin de que realizara una investigación tendiente a establecer la verdad de los hechos.

Esta encuesta acumuló un material sobrecogedor, y esta alta casa de estudios y su Consejo General Superior asumen la necesaria actitud de dirigirse a todos los organismos de la comunidad universitaria del país, y al pueblo mismo, porque se ha cometido un crimen irreparable.

Del material reunido podemos extraer las siguientes conclusiones:

1.— Que los ocupantes de Pampa Irigoin eran seres sumidos en la más espantosa miseria.

2.— Que había fundadas esperanzas entre ellos de que su problema habitacional podría ser resuelto.

3.— Que el día anterior a la masacre, el Prefecto de carabineros visitó la población que nacía dando seguridades racionales que serían entrega, dos los predios, reclamando sólo que se respetara el lineamiento de las calles, y —lo que es sospechoso— aprovechó la ocasión para levantar un censo de los pobladores.

4.— Que la mañana de la masacre, los pobladores fueron sorprendidos en el sueño por el destacamento policial que sin mediar advertencia ni parlamento procedió a agredir a seres indefensos con todos los medios a su disposición: metralletas, carabinas, bombas asfixiantes.

5.— Que hay pruebas suficientes que demuestran que en los disparos se utilizaron balas de plomo de inmoderada capacidad destructiva, y que fueron hechos para dar a la altura del tórax o del abdomen de las víctimas.

6.— Que en la masacre no se discriminó, condenando a la muerte a hombres, mujeres y niños.

7.— Que por medio del fuego se destruyeron todas las ranchas y enseres de los pobladores.

8.— Que todos los testimonios reunidos hasta el momento, y que obran en nuestro poder, coinciden en señalar a la jefatura de la fuerza policial —quienquiera que fuese— como culpable de abuso de poder. Se destaca la responsabilidad que le cabe al Ministerio del Interior al determinar por su sola voluntad esta masacre, ya que ni siquiera había una petición de desalojo formulada por el propietario del terreno.

La Universidad de Chile realiza una labor académica, su tarea es tomar conocimiento de lo que es real, y desde hace años señala la enorme miseria que se está acumulando como nuestro único patrimonio. Callar hoy, sería hacernos cómplices y silenciar nuestra propia faena de esclarecimiento. Por esto, llamamos a los organismos superiores de nuestra Universidad y de todas las Universidades del país a pronunciarse frente a este atropello a los derechos humanos fundamentales. A los trabajadores del país les mostramos esos obreros que en Pampa Irigoin de Puerto Montt encontraron su dignidad humana luchando.

Osorno, 13 de marzo de 1969.

Enlaces y fuentes de Interés

  1. http://www.blest.eu/inf/PF77d.html

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