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Mencía de los Nidos

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Mencía de los Nidos
Bienvenido a Biografías

Mujer española en Chile en 1544

Mencía Álvarez de los Nidos nació en Cáceres entre 1514 y 1518. Era hija de Francisco de los Nidos y Beatriz Álvarez Copete, matrimonio que tuvo nada menos que siete hijos, de los cuales cinco pasaron a Indias: Gonzalo, Francisco y Jerónimo de los Nidos, la misma Mencía y su hermana Juana Copete de Sotomayor.

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Contenido

Los Nidos eran una de las familias más antiguas de Cáceres, ya que alguno de sus antepasados se asentó por estas tierras allá en el siglo XIII, tras acompañar en sus huestes al rey Alfonso IX para la reconquista de la ciudad. Pero con este trasvase hacia las Américas, el linaje se extinguió y no quedó más recuerdo suyo en la villa que el nombre de una calle, esquina con Sancti Spiritus que baja hasta la Plaza de las Canterías, donde estuvo la casa de don Alonso de los Nidos, diputado de Santiago, que vivió la friolera de 115 años entre los siglos XV y XVI.

El padre de Mencía poseía unas casas en la calle Tiendas --entonces conocida como calle de la Rúa--, que vendió a Hernando de Ovando --el hermano de frey Nicolás--, cuyos solares integró en su palacio. Los Nidos también tenían un pago de viñas, conocida como «la Mata de los Nidos» y que hoy llamamos «la Viña de las Matas», a la izquierda del camino que une el Casar de Cáceres con Arroyo de la Luz. Una vez extinguido este linaje, el mayorazgo de la familia recayó primero en los Espadero y, más tarde, en los duques de Almodóvar del Valle.

Mencía y sus hermanos llegaron a América a principios de la década de los cuarenta. Jerónimo, al igual que su paisano Juan Rodríguez de Villalobos, se asentó en Cuzco, donde se dedicó al rentable negocio de la minería. Cuentan las crónicas que, en tan sólo cuarenta días, logró obtener 4.986 pesos de oro y 669 marcos de plata, por lo que se convirtió en uno de los hombres más ricos de la comarca. Sin embargo, su hermano Gonzalo tuvo peor suerte, ya que se unió a la facción de Gonzalo Pizarro y fue ajusticiado tras la batalla de Jaquijahuana (1548), al haber tomado partido por el bando de Pizarro. Gonzalo de los Nidos fue condenado a muerte y se le sacó la lengua por el colodrillo, (parte posterior de la cabeza).

Chile, Concepción

Tras la ejecución de su hermano (1548), doña Mencía de los Nidos se instaló en Chile, concretamente en la ciudad de Concepción. Fue aquí donde se forjó la leyenda de esta inmortal dama cacereña.

En 1554, tras la batalla de Marigüeñu contra los indios araucanos, el gobernador Francisco de Villagra (sucesor de Pedro de Valdivia) ordenó la evacuación de la población, ya que sobre ella se cernía el peligro inminente de una emboscada de los indígenas. Doña Mencía, que se encontraba enferma y postrada en la cama, al notar que sus vecinos huían ya despavoridos, dejando la ciudad a merced de los indios, les arengó con pasión y convicción para que cejaran en su cobardía y regresaran a sus casas. Según Guillermo Cox y Méndez, la cosa sucedió tal que así:

No se conformó el vecindario con tal resolución, y aun entre las mujeres causó disgusto tal, que hablaban ellas de quedarse en la ciudad para defender sus casas y haciendas hasta la muerte; y aún hubo una señora extremeña llamada doña Mencía de los Nidos que, cogiendo un montante[1], se puso en medio de la plaza a arengar a los vecinos, y al mismo Villagrán llegó a decir que la idea de abandonar la ciudad sólo podía haber nacido en el pecho de «algún hombrecillo sin ánimo». Le respondió el gobernador que si ella hubiera pronunciado aquel discurso en la antigua Roma, sin duda los romanos le hubieran levantado un templo; pero que en Concepción estaba todo aquello muy fuera de su lugar. Se rieron con esto sin duda los oyentes, y el discurso de la valerosa doña Mencía no produjo efecto alguno, pues apenas entró por un oído / cuando ya por el otro era salido, si hemos de creer al cantor de La Araucana.

Como vemos, de poco sirvieron las aguerridas palabras de doña Mencía, pues nada hizo cambiar de opinión al gobernador y al final se evacuó la ciudad, que a merced de los indios, fue saqueada y quemada. Se ha discutido mucho sobre si doña Mencía se llegó a encarar de verdad con Villagra, el gobernador, pero de lo que no cabe duda es que a la cacereña no le faltaban reaños. Apenas sabemos nada sobre la fecha, el lugar ni las circunstancias de su muerte, así como si estuvo casada o tuvo hijos; pero la escasez de referencias históricas no es impedimento para que la leyenda de doña Mencía de los Nidos continúe viva en la ciudad de Concepción, mientras que en esta otra que la vio nacer se la ha olvidado por completo.[2]

La Araucana (Alonso de Ercilla)

La Araucana dice:

"Doña Mencía de Nidos, una dama noble, discreta, valerosa, osada, es aquella que alcanza tanta fama en tiempo que a los hombres es negada.

Estando enferma y flaca en una cama, siente el grande alboroto y esforzada asiendo de una espada y un escudo, salió tras los vecinos como pudo.

Ya por el monte arriba caminaban, volviendo atrás los rostros afligidos a las casas y tierras que dejaban, oyendo de gallinas mil graznidos; los gatos con voz hórrida maullaban, perros daban tristísimos aullidos:

Progne con la turbada Filomena mostraban en sus cantos grave pena. Pero con más dolor doña Mencía, que dello daba indicio y muestra clara, con la espada desnuda los seguía, y en medio de la cuesta y dellos para; el rostro a la ciudad vuelto, decía:

"¡Oh valiente nación, a quien tan cara cuesta la tierra y opinión ganada por el rigor y filo de la espada !,"

Fuentes y Enlaces de Interés

  1. Espadón de grandes gavilanes que es preciso esgrimir con ambas manos.
  2. alfonsosolerhistoria/Mencia de los Nidos/jun 2012l

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