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Pedro de Valdivia

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Pedro de Valdivia
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Gobernador de Chile

Pedro de Valdivia (☆ Villanueva de la Serena, Extremadura, España, 17 de abril de 1497-† Tucapel, Capitanía General de Chile, 25 de diciembre de 1553) fue un militar y conquistador español de origen extremeño.

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Contenido

Nació en la villa de Castuera en el partido extremeño de La Serena en Badajoz. Hidalgo notorio, probablemente fue hijo de Diego de Valdivia y de Isabel Gutiérrez. Recibió alguna educación pues sabía leer y escribir.

Inició su carrera militar por 1521, cuando acudió a sumarse a las tropas que reunía Carlos V para oponerse a los franceses en Flandes. Allí combatió bajo las órdenes de Enrique de Nassau y se encontró en la defensa de Valenciennes encabezada por el propio Rey. Luego pasó a Italia, donde integró el Tercio de Infantería al mando del marqués de Pescara, el que, como parte de las fuerzas bajo la dirección de Próspero Colonna, participó en el asedio y toma de Milán. Estuvo en la batalla de Pavía en 1525 cuando las tropas de Carlos V derrotaron e hicieron prisionero a Francisco I de Francia. De ahí pasó a Nápoles, donde participó en la defensa de la ciudad contra el asedio de las fuerzas del conde Lautrec. Tras la derrota de los franceses en 1527, Valdivia regresó a su tierra con el grado de capitán.

En Castuera contrajo matrimonio con Marina Ortiz de Gaete. Permaneció algunos años en Extremadura, pero la monotonía de la vida y la falta de oportunidades lo llevaron a nuevas aventuras.

En 1535 se embarcó rumbo a Venezuela bajo las órdenes de Jerónimo de Alderete, como parte de los refuerzos para la expedición de Jerónimo de Ortal al Orinoco. Este último terminó por ser depuesto en un motín en el que participaron los hombres de Alderete, incluido probablemente Valdivia. En los meses siguientes, la hueste recorrió los llanos de Venezuela antes de ser apresados por la gente de Nicolás de Federmann quien envió a los principales cabecillas a Santo Domingo para ser juzgados.

Imagen de Pedro de Valdivia, 1500-1554/Sacada de "Historia general de los hechos de los Castellanos en las islas i tierra firme del mar océano" /Escrita por Antonio de Herrera. Madrid : En la Oficina Real de Nicolás Rodriguez Franco, 1730. 4 volúmenes/Fuente imagen del libro de Antonio de Herrera en Madrid en 1730.

Es probable que este hecho explique la presencia de Valdivia en Santo Domingo cuando llegó un pedido de refuerzos que había hecho Francisco Pizarro a la Audiencia de Santo Domingo para afianzar la conquista del Perú, a raíz de la sublevación de los incas. Valdivia se unió a la fuerza despachada al mando de Diego de Fuenmayor. El contingente se dirigió a Panamá y tras atravesar el istmo, siguió por mar hasta Tumbes y luego por tierra a Lima, a fines de 1536. Allí, Valdivia se puso a las órdenes de Francisco Pizarro.

Al regresar a Cuzco después de la expedición a Chile a comienzos de 1537, Diego de Almagro levantó el asedio al que estaba sometida la plaza por las fuerzas del inca y tomó el control de la ciudad. La disputa entre Pizarro y Almagro por Cuzco hacía inminente la guerra entre ambos caudillos. En estas circunstancias, y valorando la experiencia militar de Valdivia, Pizarro lo nombró maestre de campo en julio de 1537. El enfrentamiento entre ambos ejércitos en la batalla de las Salinas el 6 de abril del año siguiente, terminó con la victoria de los pizarristas.

Valdivia participó luego en la conquista de la provincia del Collao, en la actual Bolivia. Fue vecino fundador de San Miguel de Chuquisaca en 1538 y recibió una encomienda en el valle de La Canela. A ello se sumó el denuncio de una mina de plata en Porco, ya conocida por los naturales, que, conjuntamente con el repartimiento de indios, llegó a producir, con el tiempo, más de 20.000 pesos al año. Pese a su holgada situación, Valdivia aspiraba a la gloria, y cuando Pizarro visitó la zona, se reunió con él en Chuquiabo, sitio de la futura ciudad de La Paz, para solicitarle la conquista de Chile.

Pizarro autorizó a Valdivia para proceder a la conquista de Chile como teniente suyo, al amparo de una Real Cédula de 1537 que le había concedido las tierras abandonadas por Diego de Almagro. La mala reputación que había cobrado el territorio hizo difícil reclutar gente y conseguir financiación para la empresa. Valdivia liquidó sus bienes reuniendo con ello unos 9000 pesos, pero el alto precio que tenían entonces en el Perú las armas, caballos y demás enseres no le permitió atender a las necesidades de la hueste. Debió, pues, asociarse con Francisco Martínez, un comerciante, quien aportó mercadería valorada en la misma suma, a cambio de participar a medias en los beneficios de la empresa.

Un nuevo obstáculo se presentó con la llegada al Perú de Pero Sancho de Hoz, el antiguo secretario de Pizarro. Había pasado a España, donde había gastado su fortuna adquirida en la conquista de la tierra; ahora regresaba sin dinero pero con una capitulación para la población de las tierras al sur del estrecho de Magallanes. Aunque los territorios asignados a uno y otro eran, en rigor, distintos, Pero Sancho de Hoz hizo valer sus derechos y sus influencias en la Corte para pretender la conquista de Chile. En estas circunstancias y para resolver la dificultad, Pizarro consiguió que Valdivia y Pero Sancho se asociaran en la empresa. El primero partiría de inmediato, mientras que el segundo reuniría armas y pertrechos con los cuales se embarcaría al cabo de cuatro meses para unirse a la expedición.

Valdivia salió de Cuzco en enero de 1540 con no más de once españoles, incluyendo Inés Suárez, compañera y amante del capitán, y un contingente de indios yanaconas. Las esperanzas estaban puestas en la posible incorporación de los restos de algunas expediciones al oriente del Collao, a las tierras de los indios Chunchos y Chiriguanos, que podrían regresar ante las dificultades encontradas y con las cuales se había establecido contacto.

Valdivia y su gente se dirigieron a Arequipa para luego avanzar de quebrada en quebrada a través del desierto hasta llegar a Tarapacá. Allí permanecieron a la espera de refuerzos. Lentamente fueron llegando los sobrevivientes de las mencionadas expediciones. El contingente más importante estaba compuesto por setenta hombres bajo el capitán Francisco de Villagra, con cuyo auxilio se salvaba la empresa. Más al sur, en San Pedro de Atacama, lo esperaba otro grupo de veinticinco españoles al mando de Francisco de Aguirre.

A caballo Pedro de Valdivia, Francisco de Villagra y Jerónimo de Alderete, según Alonso de Ovalle. Sacado del libro: : Histórica relación del Reyno de Chile i de las mifiones i miftterios que exercita la Compañía de Jesús de Alonso de Ovalle, del año 1616.

Mientras Valdivia había salido a encontrarlos, llegó de noche al campamento Pero Sancho de Hoz con tres compañeros, quienes penetraron en la tienda de Valdivia con intenciones aviesas. Inés de Suárez, que allí se encontraba, dio la alarma y se mandó llamar a Valdivia. Al no haber conseguido los refuerzos comprometidos y ante la amenaza de caer en prisión por deudas, Pero Sancho había urdido el plan de matar a Valdivia y tomar el mando de la expedición. Al conocerse sus propósitos, Pero Sancho fue apresado y se le inició un proceso que terminó con la renuncia a sus derechos en la sociedad y su incorporación a la hueste en calidad de simple soldado.

Los expedicionarios, cuyo número había aumentado a poco más de ciento cincuenta españoles, avanzaron hasta el valle de Copiapó. Allí Valdivia tomó posesión del territorio en nombre del Rey, mas no de Pizarro, y dio por nombre Nueva Extremadura. Luego continuó hasta el valle del Mapocho, adonde llegó en diciembre de 1540.

A partir de las informaciones recibidas de los indígenas del Perú y las noticias aportadas por los compañeros de Almagro, Valdivia había resuelto que su primera población habría de levantarse en ese lugar. La nueva ciudad, fundada oficialmente el 12 de febrero de 1541, recibió en nombre de Santiago del Nuevo Extremo. Situada a orillas del mismo río y al pie del cerro Huelén, rebautizado Santa Lucía, tenía las ventajas de un clima benigno, una población indígena abundante, pero no al extremo de llegar a constituir un peligro, una agricultura en buen pie en los terrenos vecinos y una cierta cercanía a la costa de manera que los socorros pudieran llegar con facilidad.

Valdivia convocó a los indios y les hizo saber de su propósito de establecerse. Estos toleraron por entonces la presencia de los españoles, siendo que aún no habían cosechado sus sembrados. Sabiendo que los naturales enviaban tributo en oro al inca, Valdivia logró averiguar que éste se extraía de los lavaderos del estero Marga-Marga y consiguió que el cacique local le proporcionara indios para su explotación. Por el mismo tiempo, dispuso la construcción de un bergantín en la desembocadura del río Aconcagua, vecino a los lavaderos, con el fin de asegurarse la comunicación con el Perú.

A medida que avanzaba la recolección de las cosechas, los indios aumentaban sus bravatas, diciendo que los matarían a todos como lo habían hecho los almagristas con Francisco Pizarro en el Perú. Esta noticia, que se anticipaba a los hechos mismos, generó desconcierto y Valdivia se aprovechó de ella para librarse de la dependencia de Pizarro. Contando con el apoyo de sus amigos en el Cabildo de la ciudad, el conquistador presentó su renuncia ante dicho cuerpo, argumentando que con la muerte de éste había cesado su mandato. El Cabildo procedió a nombrarlo gobernador hasta que Su Majestad proveyera el cargo, lo que Valdivia terminó por aceptar, no sin antes fingir rechazo.

La temida rebelión de los indios comenzó con el ataque a los españoles a cargo de las faenas en los lavaderos de oro y la destrucción del bergantín en construcción. La amenaza de los indios se sumó a una conspiración contra Valdivia para reemplazarlo por Pero Pedro Sáncho de Hoz. La conjura fue detectada aunque sólo se castigó a unos pocos, por la necesidad de conservar las escasas fuerzas. Esta misma falta de gente impidió a Valdivia castigar a los indios y debió disimular ante ellos. El asalto a Marga-Marga fue el preludio del ataque e incendio de Santiago el 11 de septiembre de 1541, mientras Valdivia estaba ausente en una campeada contra los indios. El asalto fue rechazado, pero las chozas de paja, que no eran otra cosa las viviendas levantadas, quedaron totalmente destruidas. Más grave aún fue la pérdida de los alimentos: sólo se salvaron dos almuerzas de trigo, tres puercos y dos aves de corral.

Avisado del desastre, Valdivia regresó al poblado en ruinas. Si el propósito de los indios era obtener el regreso de los españoles al Perú, no lo lograron. La retirada habría sido difícil sin sucumbir en manos de los rebeldes, pero lo decisivo fue la resolución de Valdivia de no abandonar la conquista. Se debió empezar de nuevo. Valdivia despachó a Alonso de Monroy y cuatro jinetes a pedir refuerzos al Perú, a la vez que se iniciaba la lenta reconstrucción de las viviendas. Los animales, machos y hembras, así como los granos de trigo, fueron dedicados a la reproducción.

Siguieron tiempos muy duros para la naciente fundación, antes de que llegaran los primeros auxilios a bordo de la Santiaguillo en septiembre de 1543. La nave, equipada por Diego García de Villalón y Lucas Martínez Vegazo traía a bordo a Francisco Martínez, el socio de Valdivia, quien al enterarse del estado de la empresa, optó por disolver la sociedad a cambio de una encomienda de indios cerca de Santiago. En diciembre del mismo año, regresaba a Santiago Alonso de Monroy con un refuerzo de setenta españoles.

La llegada de este contingente dio mayor seguridad a la colonia y permitió a Valdivia distraer algunos hombres al mando de Juan Bohón para hacer una fundación en el norte del territorio y así mantener abierta la comunicación con Perú. La nueva población, fundada en el verano de 1544, tomó el nombre de La Serena, en honor a la patria de Valdivia.

Con el arribo de la San Pedro al mando de Juan Bautista Pastene en la primavera de 1544, Valdivia pudo contar con los medios para la exploración del litoral hacia el sur hasta el estrecho de Magallanes. Nombrado teniente y capitán general de la Mar, Pastene, a la cabeza de una escuadrilla formada por la Santiaguillo y la San Pedro, recorrió la costa hasta la bahía de San Pedro hasta los 41°, donde tomó posesión de la tierra.

Los refuerzos recibidos también permitieron a Valdivia avanzar más allá de los límites del río Cachapoal, pero resultaban insuficientes para emprender la conquista de las tierras del sur, como lo demostró la expedición hasta el Biobío realizada en el verano de 1546. Consciente de ello, Valdivia había enviado a Monroy y Pastene al Perú en busca de auxilios. Para favorecer este empeño envió 70.000 pesos en oro, logrado con el trabajo de los yanaconas en los lavaderos y tomado en parte de los vecinos en calidad de préstamo forzoso. Acompañaba a los anteriores Antonio de Ulloa que había conseguido licencia para regresar a España para recibir una herencia, a través de quien Valdivia escribió una carta al emperador Carlos V en la que daba cuenta de lo realizado y solicitaba la ratificación del título de gobernador que le otorgara el Cabildo de Santiago (4 de septiembre de 1545).

Dibujo de Don Pedro de Valdivia, hacia 1545/ Del libro La Araucana /Autor: Alonso de Ercilla y Zuñiga/2 volúmenes, [4] hojas de láminas, [1] hoja plegable/Fecha: Madrid 1776/

En sus salidas por las tierras del Chile central, Valdivia pudo apreciar que la guerra de recursos que habían llevado a cabo los indígenas para obligar a los españoles a abandonar el territorio, también había repercutido sobre los naturales. A los efectos del hambre y las enfermedades se sumaba la huida de muchos indios hacia el sur, una migración que los españoles intentaron frenar. Durante los duros tiempos que siguieron al incendio de Santiago, Valdivia había repartido sesenta encomiendas de indios en territorios no sometidos, como una forma de mantener el ánimo de los pobladores. La sensible disminución de la población indígena en la zona controlada por los españoles obligó a efectuar un nuevo reparto de encomiendas, reduciendo el número de éstas a treinta y dos. El resultado fue el descontento de los perjudicados que dio lugar a una nueva revuelta contra Valdivia, encabezada por Pero Sancho de Hoz, la que fue prontamente sofocada.

La conjura tenía ramificaciones en el Perú, donde los enemigos de Valdivia habían tratado de llevar refuerzos para apoyar a Pero Sancho. Favorecía su propósito la muerte de Monroy en Lima y la rebelión de Gonzalo Pizarro contra el representante del Monarca. Antonio de Ulloa, unido a Lorenzo de Aldana, su pariente y jefe del destacamento pizarrista en Lima, había logrado que se incautaran los dineros enviados por Valdivia y la nave de Pastene. Este último, empero, venciendo mil obstáculos, terminó por conseguir un navío y llevar refuerzos a Chile.

Informado de lo sucedido y vista la delicada situación existente en el Perú, Valdivia estimó conveniente pasar allí personalmente para consolidar su posición y reunir más hombres. Una vez más era necesario llevar todo el oro disponible y recurrió para ello al engaño. Hizo saber a los españoles que autorizaría la salida de todo aquel que quisiera volver al Perú o España, lo que hasta entonces no había permitido. Se les autorizaba para sacar todo el oro que quisieran, haciéndose un registro de las cantidades que pertenecían a cada cual. Cuando todo estaba dispuesto para zarpar, Valdivia se dirigió a Valparaíso e invitó a los viajeros a un almuerzo en tierra. En un momento, eludió a los comensales y se embarcó en forma subrepticia, zarpando de inmediato, sin que los engañados alcanzaran a impedirlo.

Quedaba en su lugar Francisco de Villagra como teniente de gobernador, quien debió enfrentar un nuevo intento de Pero Pedro Sancho de Hoz para apoderarse del Gobierno de Chile. Enterado de la conspiración, Francisco de Villagra no tuvo los mismos miramientos que Valdivia y lo hizo ejecutar. Este último se enteró de los hechos antes de alejarse de las costas chilenas.

En Tarapacá, Valdivia se informó de la victoria de Gonzalo Pizarro sobre Diego Centeno, que había permanecido leal al Rey. También supo que el licenciado Pedro de la Gasca, encargado de la pacificación del Perú, con el rango de presidente de la Audiencia, ya estaba en Lima, y se preparaba para dirigirse a Cuzco con su ejército para enfrentar a Pizarro. Valdivia alcanzó a La Gasca en Andaguaylas, cuando ya había partido de Lima, y se unió a sus fuerzas con el rango de capitán. Más gravitante que el contingente que lo acompañaba era la experiencia militar de Valdivia, debidamente valorada por el representante del Monarca, quien lo incorporó a su estado mayor.

Cuando Valdivia fue a darle cuenta luego de la victoria de las fuerzas leales en Jaquijaguana, el presidente lo recibió afectuosamente: “¡Ah señor gobernador, que Su Majestad os debe mucho!”. Era la primera vez que lo llamaba por su título. Este reconocimiento se formalizó mediante una provisión de 18 de abril de 1548 por la cual La Gasca lo designó en el cargo en nombre del Rey, a la vez que fijó los límites de su jurisdicción, desde Copiapó hasta los 41° de latitud sur y 100 leguas desde la costa hasta el interior. La gobernación sólo alcanzaba hasta la zona explorada, lo que contrariaba las expectativas de Valdivia, que pretendía las tierras hasta el estrecho de Magallanes.

Valdivia reclutó gente y consiguió tres naves, con las cuales se dirigió a Arequipa para recoger a otro contingente de hombres y proseguir con ellos a Chile. Estaba en Arica cuando recibió órdenes de La Gasca de regresar a Lima para responder a diversas acusaciones que le habían formulado sus enemigos. Aunque pudo haber resistido, Valdivia estimó prudente regresar. Los cargos, un total de cincuenta y siete, incluían el haber dado muerte a Pedro Sancho de Hoz, su usurpación del gobierno y su conducta despótica, el robo del oro a los colonizadores y la arbitrariedad en la asignación de encomiendas. No fue difícil para Valdivia refutar las acusaciones, favorecido por la buena disposición de La Gasca, que valoraba su acatamiento a la autoridad real. Al poco tiempo, fue autorizado para volver a Chile, sin perjuicio de ordenarle que se separara de Inés Suárez, de pagar el dinero arrebatado a los vecinos, y de cuidar la forma de hacer repartimientos en el futuro.

Su llegada a Chile con un numeroso contingente permitió afianzar la conquista. Valdivia encargó a Francisco de Aguirre la refundación de La Serena, que había sido destruida por los indios (agosto de 1549), y mandó a Francisco Villagra al Perú en busca de más gente. El ansiado avance hacia el sur, empero, se vio demorado hasta la primavera de ese año, por las complicaciones de una caída de caballo y una enfermedad que tuvo a Valdivia cercano a la muerte.

Escudo de armas de Pedro de Valdivia.

Valdivia y un contingente de hombres llegaron a las márgenes del Biobío, que lograron atravesar pese a la resistencia de los naturales, avanzando luego hacia la costa bajo la atenta vigilancia de éstos. Un ataque nocturno al campamento de los españoles en Andalién el 22 de febrero de 1550 fue rechazado con dificultad. Su emplazamiento fue trasladado a un paraje en la ribera norte del río junto a la bahía de Concepción, donde fundaron el fuerte de Penco. La llegada de refuerzos por mar permitió explorar el territorio y lograr promesas de paz y amistad con los indios. Al amparo de este fuerte fue surgiendo un caserío que pasó a ser la ciudad de Concepción, fundada oficialmente el 5 de octubre de 1550. Se instituyó un Cabildo, se repartieron solares y se concedieron diversas encomiendas sobre la numerosa población indígena.

Concepción debía ser la primera de una serie de ciudades que extendieran el dominio de España hacia el sur. Valdivia escribió al Monarca español el 15 de octubre de 1550, pidiendo que se ampliara su gobernación hasta el estrecho de Magallanes, que consideraba el límite natural de la misma. A la vez, solicitaba diversas otras mercedes en compensación por los crecidos gastos en que había incurrido en la conquista de Chile.

El reconocimiento de las tierras más al sur prosiguió en los meses siguientes. Valdivia remontó el río Cautín y fundó un fuerte junto a su confluencia con el río Damas, que tomó el nombre de La Imperial por las figuras que adornaban las chozas de los indios, que se asemejaban a águilas bicéfalas. Al comenzar el invierno regresó a Concepción, adonde llegó también Francisco de Villagra trayendo importantes refuerzos de hombres y caballos.

Lo precario del dominio español en la zona y la amenaza latente de una sublevación indígena hacían recomendable consolidar la conquista antes de efectuar otras poblaciones. Sin embargo, la abundancia de población nativa susceptible de ser dada en encomienda, y la presión de los españoles por beneficiarse del trabajo indígena era un acicate demasiado fuerte para ser resistido.

En el verano siguiente Valdivia inició una nueva campaña al sur. Se dirigió primero al fuerte de La Imperial para levantar allí una ciudad, cuya fundación fue formalizada el 16 de abril de 1552. Las setenta y cinco encomiendas repartidas en esa oportunidad, incluyendo una para el propio Valdivia, eran riquísimas y algunos encomenderos de Santiago hicieron dejación de las suyas para tomar otras allí.

Avanzó luego hasta el río Calle-Calle, a cuyas orillas se efectuó otra fundación el 9 de febrero de 1552, la que recibió el nombre de Valdivia. También aquí la población indígena era abundante, lo que permitió conceder no menos de ochenta y ocho repartimientos. Ese mismo verano y por encargo del gobernador, Jerónimo de Alderete avanzó al interior en busca de un paso a través de la cordillera, para luego fundar un poblado a orillas del lago Mallalauquén bautizado Villa Rica en alusión a las minas de oro y plata en la zona. Entretanto, Valdivia continuó con la exploración del territorio hacia el sur hasta alcanzar el seno de Reloncaví, antes de regresar a Concepción antes de la llegada del invierno.

A fines de 1552, Valdivia envió a Alderete a España como su apoderado en la Corte. Éste llevaba el encargo de obtener la ampliación de su gobierno, un título nobiliario y el hábito de Santiago, además de otras mercedes para sí y sus compañeros. A la vez llevaba el encargo de Valdivia de traer a Chile a su legítima mujer y algunos parientes, a los cuales enviaba una importante suma de dinero.

Apresurado en afianzar su dominio en los términos de su gobernación, Valdivia mandó a Francisco de Aguirre al otro lado de la cordillera de los Andes a la altura de La Serena, adonde se había establecido otra partida de españoles. A su vez, despachó a Francisco de Villagra al sur en diciembre de 1552 para que explorara las tierras de la otra parte de la cordillera y, más tarde para que avanzara hasta el estrecho de Magallanes. Con este último propósito.

La puesta en explotación de los lavaderos de oro en Quilacoya, cerca de Concepción, parecían otorgar a Valdivia la riqueza por tanto tiempo anhelada. Sin embargo, se apreciaban indicios de desasosiego entre los indios, que hacía peligrar lo conquistado. El ataque al fuerte de Tucapel en diciembre de 1553, obligó a la guarnición a retirarse a Purén, desde donde los españoles solicitaron auxilio a La Imperial. Enterado Valdivia de los sucesos, se dirigió desde Concepción a Quilacoya, donde hizo levantar un fortín. Aquí recibió un mensaje de Juan Gómez de Almagro, quien había conducido con refuerzos desde La Imperial a Purén, avisando que había logrado rechazar un asedio de los indios. Valdivia lo citó para reunirse con un contingente de hombres en Tucapel el día de Navidad para repoblar dicho fuerte, pero advirtiéndole de no desproteger a Purén. Las noticias de un inminente ataque, propaladas por los indios, hicieron que Gómez de Almagro demorara en un día su partida. Así divididas las fuerzas españolas, por estrategia de Lautaro, otrora caballerizo de Valdivia que había huido de los españoles para unirse a su gente, Valdivia acudió a la cita. El gobernador y su gente fueron atacados por sucesivos contingentes de indígenas hasta que, agotados tras horas de combate, sucumbieron a manos de sus enemigos.

La muerte de Don Pedro de Valdivia

En el libro “Historia de todas las cosas que han acaecido en el reino de Chile”, escrito hacia 1575 por don Alonso de Góngora Marmolejo, se describe la muerte de don Pedro de Valdivia cuyo detalle le fuera entregado por un testigo de los hechos y que, para salvar la vida, huyera disfrazado de indio de guerra durante la noche de ese mismo día. Después de marchar desde Tucapel se refugió en el fuerte de Arauco donde dio cuenta de lo sucedido. Dicha relación es la que transcribimos a continuación, en una versión adaptada al español actual para facilitar su entendimiento y tiene el valor de describir el combate de Tucapel con las tácticas empleadas tanto por Lautaro como por Valdivia, además de la horrorosa muerte de este último.

Después de la fundación de Valdivia en 1552, don Pedro de Valdivia se trasladó a Concepción, ciudad que a su vez él mismo había fundado en 1550. Allí pasó el invierno y luego regresó a Santiago desde donde envió a Gerónimo de Alderete a España para que negociase con el rey don Felipe la gobernación de Chile en régimen vitalicio para él.

Estando en Santiago durante el año 1553, recibió refuerzos del Perú con los cuales regresó a Concepción donde dispuso la construcción de casas fuertes. Asimismo envió desde esta ciudad una expedición al mando de Francisco de Ulloa para descubrir el estrecho Magallanes y otra al mando de Francisco de Villagra para cruzar la cordillera y alcanzar el Atlántico. A su vez encargó al Capitán Juan Bautista Pastene la recolección de maíz a lo largo de la costa.

Los indios de la costa se alzaron e intentaron ocupar el fuerte Tucapel utilizando varios ardides sin resultados gracias a la cautela de los españoles. Finalmente su capitán Martín de Ariza abandonó el fuerte matando previamente a un grupo de caciques que había capturado y se refugió en Purén.

Valdivia, mientras tanto, a mediados de Diciembre de 1553 inició una expedición al sur partiendo desde Concepción con cuarenta soldados y despreciando un poco la capacidad de los indios alzados. Pasó por el fuerte de Arauco, visitó las minas de oro de la zona y continuó al sur hacia Tucapel solicitando que se le unieran allí veinte soldados desde La Imperial (actual Carahue). Los indios conocedores del avance de Valdivia atacaron el fuerte Tucapel ya abandonado y lo quemaron…

Entre los indios se destacó un yanacona llamado Alonso, nombre castellano de Lautaro cuando era criado de Valdivia. Este indio planificó la manera de enfrentarlo habida cuenta de que lo conocía ya que le había servido como mozo de caballos. En su preparación para el combate que venía convenció a los indios de que los cristianos eran mortales igual que ellos como asimismo de que los caballos también morían. Explicó a los escuadrones de indios que los cristianos se cansaban mucho con el calor y que se les podía vencer y que el hacerlo significaría salvarse del yugo de la servidumbre a la que habían sido sometidos y que más tarde sería mucho peor para las generaciones que venían.

Los indios se impresionaron con los dichos de Lautaro y escucharon cuidadosamente las instrucciones para vencer a los españoles. La idea era ocupar la explanada cercana al fuerte de Tucapel donde corría el río por el medio. Allí debían esperar sin mostrarse hasta que aparecieran los españoles en el camino, colocando solo un escuadrón para negárselo. El resto de los escuadrones quedarían a la espera, ocultos. Una vez provocado el choque los indios debían retirarse hacia las laderas ya que allí los caballos eran más difíciles de manejar y además se cansaban más al subir. La idea entonces era atacar sucesivamente por escuadrones para desgastar las fuerzas de Valdivia. Lautaro insistía [en] que se podía derrotar a los cristianos de modo que dispuso además un escuadrón en el río por donde tenían que pasar. Insistía además [en] que la peor afrenta que podía infringírseles era que perdieran su ropa, de allí que había que atacar cuando los caballos estuvieran cansados y sudados, y que las órdenes para proceder las daría él mismo.

Lautaro ordenó que no se perdiera de vista a Valdivia durante todo el trayecto hacia Tucapel, buscando desgastarlo en todo momento, especialmente en los pasos más difíciles. Durante cada encuentro en el recorrido los indios debían hacer señales de humo para informar a los que acechaban.

Conforme a lo planificado se reunieron cerca de cincuenta mil indios, según el cronista, en la explanada de Tucapel y se ocultaron esperando a los españoles. Valdivia mandó adelantarse a cuatro corredores (exploradores) para verificar el camino, los que fueron capturados y eliminados por los indios demostrando muy poco oficio como soldados. A uno de ellos le cortaron el brazo con los restos de su jubón y camisa y lo dejaron en el camino para atemorizar a Valdivia. Este por su parte siguió su camino pese a que el yanacona Agustinillo le pidió varias veces que regresaran debido a la notoria inferioridad numérica que tenían. Valdivia insistió en su empeño y continuaron adelante hasta avistar el fuerte de Tucapel todavía humeando al que se acercaron mientras los indios se mantenían ocultos en los pajonales cercanos hasta que simultáneamente el primer escuadrón hizo su aparición con sonidos de trompetas y alaridos sorprendiendo a los cristianos.

El resto de los indios permanecieron ocultos conforme lo planificado. Valdivia reunió a sus soldados en una pequeña altura junto a los bagajes que llevaba repartiéndolos en tres cuadrillas. De inmediato envió a la primera de ellas a enfrentar a los indios hiriendo y matando a muchos de ellos; los españoles recibieron a su vez múltiples heridas. El resto de los escuadrones se mantenían quietos esperando las órdenes de Lautaro. El primer escuadrón, agotado, se retiró hacia las laderas siendo reemplazado rápidamente por otro fresco ante lo cual Valdivia envió una segunda cuadrilla. No logrando el efecto deseado, el conquistador decidió participar directamente en el encuentro. Dejó solo a diez hombres con el bagaje y se lanzó al ataque con veintiséis soldados que le quedaban. Los indios huían a las laderas y nuevamente aparecían los escuadrones de refresco.

Ante la imposibilidad de destruir al enemigo hizo tocar reunión de tropas y en dicha reunión consultó qué se podría hacer. Ante ello un capitán de apellido Altamirano le respondió: “Qué quiere nuestra señoría que hagamos, sino que peleemos y muramos”. Así entonces volvieron a atacar sin éxito ante lo cual Valdivia decidió abandonar el bagaje para poder huir del lugar pensando que los indios se distraerían repartiéndoselo y no lo perseguirían de inmediato.

Batalla entre mapuches y españoles.

Lautaro no cayó en la trampa y dispuso un fuerte ataque a los diezmados españoles, lo que hizo a viva voz para que todos lo escucharan. Después de un violento combate los españoles intentaron retirarse hacia el fuerte de Arauco pero sin éxito ya que todos los pasos estaban ocupados por los indios. Al intentar forzarlos los jinetes eran derribados de sus monturas por golpes de lanzas. Valdivia cayó en una ciénaga donde se atoró su caballo y los indios lo derribaron a lanzadas y golpes de macana. Lo que se omite en la Historia de Chile: Los Indios eran Canibales.

A Pedro de Valdivia se LO COMIERON LOS ARAUCANOS

El conquistador fue desarmado y desnudado, le ataron las manos con bejucos (lianas) y lo llevaron caminando por más de dos kilómetros con su casco colocado (celada borgoñona) el que no podían quitárselo. Por estar muy gordo caminó con mucha dificultad hasta que los indios se detuvieron en un bebedero donde se repartieron sus ropas, quedándose Lautaro con lo mejor en su poder. Trajeron a Agustinillo, un yanacona que lo servía, quien pudo quitarle el casco. Valdivia al estar sin su casco pudo hablar a los indios diciéndoles que sacaría a los cristianos del reino y despoblaría las ciudades, dando además dos mil ovejas si lo dejaban con vida.

La reacción de los indios fue brutal ya que destrozaron a su yanacona ante sus ojos. El padre Pozo, capellán presente rezó por su alma, mientras los indios hicieron un fuego y con una concha de almeja le retiraron los músculos de los brazos desde el codo a la muñeca, los que comieron asados en su presencia. Después de otras vejaciones lo mataron a él y al capellán, colocando las cabezas en lanzas junto a las de otros soldados, suerte de la que no escapó ninguno.

Este fue el fin de Pedro de Valdivia, hombre valeroso y bien afortunado. Tenía cincuenta y seis años, hombre de buena estatura, de rostro alegre, la cabeza grande conforme al cuerpo, que se había hecho gordo; espaldado, ancho de pecho, hombre de buen entendimiento, aunque de palabras no bien limadas, liberal (dadivoso) y hacía mercedes sin interés. Amigo de andar bien vestido y lustroso, bueno para comer y beber. Muy afable y humano con todos. Pero tenía dos cosas que oscurecían su persona: aborrecía a los hombres nobles y de ordinario estaba amancebado con una mujer española.

Finalmente, el conquistador murió luego de tres días de torturas, en los que los indios le amputaron sus músculos con conchas de almeja mientras seguía vivo, para comérselos frente a él, como venganza por los escarmientos realizados por el español en contra de los indígenas.

A carne viva extrajeron su corazón para comérselo entre los toquis, mientras que su cráneo lo utilizaron para beber chicha.

Fuentes y Enlaces de Interés

  • Cartas de Pedro de Valdivia que tratan del descubrimiento y conquista de Chile, ed. facs. dispuesta y anotada por J. Toribio Medina, Sevilla, Est. Tipográfico de M. Cardona, 1929 (intr. de J. Eyzaguirre, Santiago de Chile, Fondo Histórico y Bibliográfio de José Toribio Medina, 1953
  • Cartas de relación de la conquista de Chile, ed. crítica de M. Ferreccio Podestá, Santiago de Chile, Editora Universitaria, 1970).
  • C. Errázuriz, Historia de Chile. Pedro de Valdivia, Santiago, Imprenta Cervantes, 1912, 2 vols.
  • J. Eyzaguirre, Ventura de Pedro de Valdivia, Santiago, Zig-zag, 1963 (6.ª ed.)
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  • S. Villalobos, Historia del Pueblo Chileno, t. I, Santiago, Instituto Chileno de Estudios Humanísticos, 1980; *C. Pumar Martínez, Pedro de Valdivia, fundador de Chile, Madrid, Anaya, 1988
  • A. de Góngora Marmolejo, Historia de todas las cosas que han acaecido en el reino de Chile y de los que lo han gobernado (1536-1575), Santiago, Ediciones de la Universidad de Chile, 1990
  • L. León Solís, La merma de la sociedad indígena en Chile central y la última guerra de los Promaucaes, 1541-1558, St. Andrews (Scotland), Institute of Latin American Studies. University of St. Andrews, 1991
  • G. Guarda, Una ciudad chilena del siglo xvi. Valdivia 1552- 1604, Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 1993
  • G. Larraín Valdés,‘Pedro de Valdivia. Biografía, Santiago, Editorial Luxemburgo, 1996; I. Vázquez de Acuña García del Postigo, Historia Naval del Reino de Chile, 1520- 1826, Valparaíso, Compañía Sudamericana de Vapores, 2004.

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